Decir algo, referirse a ciertos hechos, ofrecer un sentido u otro, ser verdadero o falso, son ejemplos de propiedades semánticas. En filosofía del lenguaje hay dos planteamientos que intentan entender propiedades de este tipo. Uno se ellos se ocupa de asignar esas propiedades a las expresiones de un determinado lenguaje. El otro reflexiona sobre su naturaleza intentando identificar sus fuentes últimas. La distinción entre semántica y metasemántica refleja ambos planteamientos.
En el primer apartado perfilaremos mejor la distinción que acabamos de hacer. A continuación ofrecemos un amplio abanico de enfoques metasemánticos. Algunos tienen una larga historia y se conectan con desarrollos filosóficos generales. Otros son más recientes y se derivan del propio desarrollo de la filosofía del lenguaje. En el último apartado haremos un balance.
1. Semántica y metasemántica
El prefijo «meta» es ampliamente utilizado en filosofía: lógica y metalógica, ética y metaética, metafísica y metametafísica. La diferencia es siempre de nivel y con un doble sentido. Por un lado, «meta» sugiere un ascenso lingüístico y epistémico desde donde miramos reflexivamente lo que hay debajo. Por otro lado, se buscan los fundamentos últimos. Esto acaba situándonos en los niveles de la realidad que supuestamente determinan todo lo demás. Y desde allí, miramos hacia arriba. En metasemántica hay diferencias de nivel respecto a la semántica en estos dos sentidos (véase Burgess y Sherman, 2014). Sobre las diferencias normativas entre semántica y metasemántica, véase Lewis (1970) y García-Carpintero (2021).
Una teoría semántica sobre un lenguaje es una teoría acerca de los significados que podemos atribuir a las expresiones de ese lenguaje y, también, acerca de todo lo que se sigue de que se tengan esos significados. Pero, ¿por qué atribuimos esos significados? ¿Por qué las expresiones de un lenguaje deberían tener los significados que les atribuimos? Más en general, ¿en virtud de qué ciertos sonidos o marcas llegan a tener un significado, un contenido semántico, unos valores de verdad? Estas preguntas son metasemánticas.
Denominaciones alternativas, pero menos usadas, son las de «metafísica del significado» (Katz, 1992), «metafísica y epistemología del significado» (Pfister, 2007) o «teoría sobre los fundamentos del significado» (Speaks, 2021).
La metasemántica busca el fundamento último de todas las propiedades semánticas incluyendo las propiedades semánticas del propio discurso metasemántico. Esto genera problemas de circularidad. La metasemántica debería fundamentar el significado de los propios términos que emplea. Debería fundamentar, por ejemplo, el significado de «fundamentar». ¿Se trata de un problema grave? No necesariamente. Ocurre algo parecido en otros campos. Es más, ¿qué otra cosa cabría esperar en filosofía?
2. Enfoques metasemánticos clásicos
Hay enfoques metasemánticos muy clásicos. Se conectan directamente con planteamientos filosóficos generales y habitualmente podemos encontrarlos en autores de muy distintas etapas de la historia de la filosofía. Veremos a continuación algunos ejemplos.
1. Primitivismo
Afirma que ciertos fenómenos semánticos son primitivos y no admiten explicación ni análisis. Simplemente, debemos aceptar su existencia. No son explicables ni analizables en términos no semánticos más básicos. En ética, epistemología y filosofía de la mente hay paralelismos con esta posición.
Wittgenstein (1922), en su Tractatus, es primitivista respecto a la distinción entre decir y mostrar. Y frente al escepticismo semántico de Wittgenstein (1953) y Kripke (1980), es frecuente encontrar posiciones primitivistas.
2. Platonismo
El significado se fundamenta en conexiones entre las expresiones lingüísticas y ciertas entidades abstractas, añadiendo la capacidad de los hablantes para acceder a ese dominio abstracto o para ajustar su conducta a tal dominio.
Este enfoque explica bien los significados de la lógica y las matemáticas, También los significados de todo vocabulario que se refiera a propiedades. Pero el precio a pagar es una ontología y una epistemología que pueden ser muy problemáticas.
Frege (1884; 1892) y Russell (1919) adoptaron esta posición. En los positivistas lógicos, por ejemplo en Carnap (1950), podemos encontrar un platonismo más moderado, de tipo ficcionalista o instrumental. El platonismo en filosofía del lenguaje ha sido generalmente sustituido por enfoques centrados en el contenido mental o en el uso del lenguaje. Sin embargo, persisten variantes importantes de platonismo que recurren a la noción de mundo posible. En ellas, los significados suelen identificarse con construcciones abstractas de tipo conjuntista que toman como base los mundos posibles.
3. Mentalismo
El significado de las expresiones lingüísticas se hace derivar aquí del significado de ciertos estados mentales. Este enfoque resulta muy intuitivo, pero solo traslada el problema a otro lugar, pues ahora debería explicarse cómo adquieren los estados mentales sus peculiares contenidos. El desarrollo reciente de las ciencias cognitivas ha contribuido enormemente al desarrollo y diversificación de este enfoque.
Dentro de este enfoque, cabe resaltar 1) el programa intencionalista de Grice (1957), según el cual el fundamento del significado lingüístico estaría en las intenciones comunicativas de los hablantes, 2) el análisis que Lewis (1970) propone del significado lingüístico a partir de las creencias, 3) la hipótesis defendida por Chomsky (1957) y Fodor (1980), entre otros, de un lenguaje del pensamiento como medio en el que nuestra mente computa representaciones que se convierten en contenidos expresables en un lenguaje público, 4) el intencionalismo de Searle (1969) y, también, 5) la posición típicamente mantenida por la fenomenología consistente en explicar el significado lingüístico desde ciertos estados de conciencia.
Los planteamientos mentalistas son fuertemente internistas. La fuente última del significado lingüístico son los contenidos y actitudes mentales. En el siglo XX han surgido críticas muy serias al internismo. Autores clave son Putnam (1975), Burge (1979) y Kripke (1980). La hipótesis de la mente extendida, el embodiment y el enactivismo han sido aliados importantes de este externismo desde la propia filosofía de la mente y las ciencias cognitivas.
4. Naturalismo
Este enfoque nos sitúa en el extremo opuesto al platonismo y en contraste con el internismo de muchos enfoques mentalistas. Los significados lingüísticos, incluso los propios contenidos y actitudes mentales, están determinados por sus relaciones con un mundo externo a nuestras mentes, o al menos dependen o son modulados por esas relaciones.
Pero si entendemos la mente como un fenómeno natural, el naturalismo acaba siendo un enfoque compatible con el mentalismo. De hecho, muchos planteamientos mentalistas tienen una importante base naturalista. Por ejemplo, Grice complementa su programa con una explicación del significado intencional en términos de un significado natural definible tomando como base la causalidad, la información y la selección natural. Estos suelen ser los tres ingredientes clave en todos los enfoques naturalistas sobre el significado.
Otras líneas de desarrollo naturalista son 1) los análisis de Dretske (1983) sobre la información como base de un contenido que puede llegar a ser muy selectivo y capaz de ser erróneo, 2) las hipótesis eliminativistas en ciencia cognitiva y neurociencia defendidas, respectivamente, por Stich (1983) y Patricia Churchland (1986), 3) el tipo de explicaciones evolutivas ofrecidas por Millikan (1987) acerca de la aparición y mantenimiento biológico de sistemas de signos con significado y 4) el enfoque de Kripke (1980) acerca de cómo los nombres adquieren significado a partir de ciertos actos especiales de «bautismo», creándose vínculos con los referentes que se mantienen a través de cadenas causales que tienen lugar en un medio social.
5. Significado como condiciones de verdad
Davidson (1984) también formuló un influyente proyecto semántico y metasemántico con un fuerte carácter externista, basado en la idea de que la verdad debe explicar el significado. Su proyecto tiene dos partes. Una gira en torno a la tesis de que el significado consiste en condiciones de verdad. Conocer las condiciones de verdad de las oraciones de un lenguaje implica conocer su significado. Y conocer cómo las palabras y expresiones de un lenguaje contribuyen a esas condiciones de verdad implica conocer el significado de esas palabras y expresiones.
La otra parte de su proyecto es un planteamiento acerca de cómo llegamos a conocer esas condiciones de verdad. Davidson argumenta que lo hacemos a través de un ejercicio de interpretación radical, aplicando un principio de caridad que maximiza la verdad que podemos encontrar en las proferencias lingüísticas de los hablantes. Véase Lepore (1986), así como Lepore y Kirk (2007).
Sin embargo, es difícil analizar en términos de condiciones de verdad el significado expresado en contextos de atribución de propiedades mentales. Tampoco es fácil hacer que el significado de todos los enunciados no declarativos quede determinado por unas condiciones de verdad. Ni lo es determinar si el principio de caridad debería maximizar la verdad de los interpretados o, más bien, la similaridad entre intérpretes e interpretados.
Lewis (1999) propone una variación importante sobre el principio de caridad. Se debería respetar la composición y estructura objetiva de la realidad tal como nos la van mostrando nuestras ciencias naturales. Hay referencias que permiten que la realidad se articule de maneras mucho más «naturales» que otras, siendo inevitable que sea la ciencia el árbitro último de tal naturalidad. El planteamiento de Lewis conecta fuertemente la metasemántica con la metafísica. Véase Sider (2011) y, en un sentido más crítico, Hawthorne (2007).
Otro giro importante consiste en entender el significado no como condiciones de verdad, sino de asertabilidad. Este cambio puede ser muy radical, limitando el tipo de lógica y metafísica que deberíamos adoptar. La noción de asertabilidad tiene fuertes componentes epistémicos que sugieren el abandono del realismo. Simplemente, puede no ser asertable ni p ni, tampoco, ¬p (Dummett, 1978).
6. Pragmática como fuente de la semántica
Las teorías del significado suelen presuponer la existencia de ciertos contenidos mentales. La pragmática ha abierto otro camino explicativo, un camino que va de la existencia de ciertos actos de habla y procesos conversacionales a la constitución del propio contenido mental que se expresa en los significados lingüísticos.
Volvemos a encontrar una posición externista. Los contenidos mentales estarían determinados, o al menos dependerían, o estarían modulados, por las relaciones sociales. La concepción de Wittgenstein (1953) sobre el significado como uso ha sido tremendamente influyente, así como los enfoques de Austin (1962) y Grice (1989). El significado es siempre el resultado de interacciones sociales desarrolladas en ciertos contextos concretos y con historias específicas. Hasta puede llegar a pensarse que incluso la función representacional del lenguaje pueda ser explicada por el uso del lenguaje (Zalabardo, 2023).
Este enfoque también se conecta con la posición clásica del convencionalismo: el significado como resultado de convenciones sociales. Hace unos años, Lewis (1969) ofreció un influyente análisis de la naturaleza de las convenciones. Una convención sería simplemente una regularidad en las conductas de ciertos agentes generada a través de sus decisiones y mantenida en el tiempo porque soluciona problemas de coordinación.
7. Significado como papel funcional
El significado también puede entenderse como papel funcional, o rol funcional. Estaría determinado por el conjunto de relaciones que una entidad puede mantener con otras dando lugar a un tipo peculiar de comportamiento. Las palabras, sintagmas y oraciones de un lenguaje se relacionan con otras palabras, sintagmas y oraciones de ciertos modos, produciendo determinados patrones de comportamiento entre los que destacan los comportamientos inferenciales.
Sellars es uno de los principales promotores del funcionalismo en filosofía de la mente. Y su enfoque sobre el significado se conecta estrechamente con tal funcionalismo. El significado de las expresiones de un lenguaje se deriva de la manera de usar esas expresiones, igual que ser un peón o una torre en el juego del ajedrez se deriva de cómo usamos esas piezas cuando jugamos al ajedrez (Sellars, 1954).
Hay versiones individualistas y no individualistas de esta concepción. Y aún podría generalizarse más. El propio Sellars (1974) defendió la idea de que existen papeles funcionales semánticos definibles de manera independiente a los lenguajes naturales particulares.
Este enfoque mantiene importantes relaciones con el enfoque wittgensteiniano del significado como uso, así como con la hipótesis de un lenguaje del pensamiento con unos «contenidos en sentido estrecho» definibles únicamente en términos de sus papeles funcionales. Buena parte de las ciencias cognitivas y de la inteligencia artificial se sienten cómodas con esta manera de entender el significado.
También pueden sentirse a gusto con esta concepción otras corrientes de pensamiento aparentemente muy alejadas de la ciencia y la tecnología. La semiótica y el estructuralismo francés, así como sus herederos postmodernos, aceptarían que el significado de cualquier símbolo consiste en las relaciones que mantiene con otros símbolos, dentro o fuera de nuestra mente, con independencia de sus conexiones con una realidad externa a esas relaciones.
3. Enfoques metasemánticos más recientes
Todos los enfoques anteriores siguen teniendo una fuerte presencia en la actualidad. Pero a ellos se han sumado otros enfoques metasemánticos más recientes, vinculados a la dinámica de la propia filosofía del lenguaje. A continuación presentaremos algunos de ellos.
8. Expresivismo
El expresivismo en ética es una teoría acerca del significado de los términos morales («bueno», «malo», etc.). Al utilizarlos, no estaríamos describiendo hechos del mundo, sino expresando ciertos sentimientos o actitudes en un medio social. El expresivismo en filosofía del lenguaje aplica esta idea a todo significado.
El expresivismo es una de las corrientes más activas en la metasemántica actual. Brandom (1994), fuertemente influido por Sellars, es el autor que ha contribuido decisivamente a ello. El significado de toda expresión está determinado por el conjunto de relaciones expresivas en las que participa, especialmente relaciones inferenciales.
La normatividad que regula los significados lingüísticos, y los propios contenidos mentales, surge de las normatividades presentes en las interacciones sociales que involucran el uso de símbolos. La semántica intenta hacer «explícito» lo que está «implícito» en nuestras prácticas sociales de tipo lingüístico.
Respecto a la verdad, Brandom sostiene una teoría pro-oracional. El concepto de verdad expresa un compromiso asertivo muy fuerte, siendo su función principal la de restaurar el estatus oracional de aquello que se nominaliza al aplicar el predicado «es verdad». Decir «Es verdad que p» expresa nuestro compromiso a decir p.
El expresivismo incluye una propuesta sumamente sugerente respecto a los conceptos lógicos. La implicación formal de la lógica se explica como una estructura que hace explícita la normatividad que orienta nuestras prácticas lingüísticas relacionadas con el uso de implicaciones materiales como «Si llueve, entonces la tierra se moja». (Frápolli 2019).
9. Contextualismo
Abundan actualmente los planteamientos contextualistas en epistemología, ética y filosofía del lenguaje. En este último campo, el contextualismo sostiene que el significado de muchas expresiones lingüísticas importantes, tal vez de todas, depende del contexto en el que se usan.
Hay dependencia contextual siempre que hay una deíxis, un señalamiento de elementos de un contexto. Los indexicales («yo», «ella», «aquí», «ahora», etc.) y los demostrativos («este», «esa», «aquel», etc.) son claros ejemplos. Podemos llamar deícticos a todas estas expresiones. Muchos adjetivos y adverbios también tienen una gran sensibilidad contextual («grande», «rico», «suave», «siguiente», etc.), así como ciertos sustantivos («banco», «montón», etc.), verbos («pasar», «conocer», «existir», etc.) y conectivas lógicas («y», «entonces», «todo», etc.). Y desde luego, dependen fuertemente del contexto las formas verbales, las ambigüedades semánticas, las implicaturas conversacionales, las metáforas, las anáforas, etc.
A veces se distingue entre deícticos que requieren algún apoyo adicional, por ejemplo ciertos gestos, y deícticos que no lo necesitan (Kaplan, 1977). Y suele distinguirse entre dos contribuciones semánticas del contexto. Por un lado, los contextos fijarían el contenido de las expresiones o enunciados relevantes. Por otro lado, los contextos fijarían también, cuando sea pertinente, sus extensiones: las referencias en el caso de que se trate de expresiones referenciales o los valores de verdad en el caso de los enunciados declarativos.
Un problema crucial para el contextualismo es determinar qué puede contar como contexto. A veces el contexto solo incluye el entorno físico y social. Otras veces se incluyen las intenciones del hablante, el conocimiento y presuposiciones compartidas entre los interlocutores, etc. (Stalnaker, 2014).
En relación a este problema, un desarrollo muy importante ha consistido en distinguir entre el «contexto de proferencia o producción» y el «contexto de evaluación», de manera que el segundo tenga un cierto margen de variabilidad. Esto ha potenciado la propuesta de semánticas bidimensionales. Y con ellas se ha generado un tipo de relativismo alético sumamente interesante a la hora de analizar fenómenos como los desacuerdos radicales, el comportamiento semántico de los predicados de gusto, la dinámica de la retractación, etc. (Kölbel, 2002; García-Carpintero y Kölbel, 2009; MacFarlane, 2014). Este tipo de semántica ha permitido analizar problemas centrales en filosofía de la mente y en metafísica (García-Carpintero y Macià, 2006).
Un segundo problema crucial es el del alcance de la dependencia contextual. Existen posiciones moderadas y radicales, desarrollándose numerosos debates entre ambas (Perry, 1979; Recanati, 2007). Para las posiciones radicales, no existiría ninguna propiedad semántica que pueda mantenerse constante a través de todo contexto (Travis, 1996).
10. Minimalismo
Hay concepciones minimalistas del significado y concepciones minimalistas de la verdad. Para ellas, el significado y la verdad serían realmente fenómenos muy simples.
El minimalismo respecto a la verdad es un tipo de teoría deflacionaria conectada con las teorías de la verdad como redundancia. También está relacionado con las teorías del significado como papel funcional. Sin embargo, el minimalismo tiene ambiciones mucho más modestas. Los únicos papeles funcionales relevantes para el minimalismo serían los del término «verdad» y los de otros términos emparentados como «significado».
Horwich ha defendido intensamente un minimalismo respecto a la verdad. La verdad no tiene ninguna naturaleza misteriosa subyacente. El concepto de verdad únicamente tiene un papel lógico. Su función es permitir la formulación explícita de ciertas generalizaciones. Todo lo que hay en el concepto de verdad es el esquema de Tarski: «p» es verdad syss p. Este esquema permite hacer inferencias como, por ejemplo, llegar a la conclusión p a partir de lo expresado en premisas del tipo «Todo lo que S dijo es verdad» y «S dijo que p» (Horwich, 1998a).
Una fuerte crítica al minimalismo se plantea a propósito de proposiciones generales como lo expresado por «Toda proposición del tipo p→p es verdad». A partir de lo expresado en premisas como «p→p es verdad», y del esquema de Tarski, puede derivarse p→p. Pero ningún conjunto finito de estas conclusiones tiene un significado equivalente al de la anterior proposición general (Gupta, 1993). Hay sin embargo una posible réplica si rebajamos las pretensiones modales de las proposiciones de la lógica.
El minimalismo respecto al significado puede apelar a la noción de significado literal. Cappelen y Lepore (2005), así como Borg (2004) son defensores de este enfoque. Pero no es la única opción. Horwich (1998b), por ejemplo, adopta un enfoque wittgensteiniano. El significado de «significado» se define por el uso que hacemos de esa palabra al conectar palabras, expresiones u oraciones de un lenguaje con otras palabras, expresiones u oraciones de ese mismo lenguaje o de otros lenguajes.
Existen más versiones de una posición minimalista del significado. Una de ellas es la de Schiffer (2003), Se basa en el concepto de «proposición pleonástica» (pleonastic proposition). Las proposiciones en este sentido serían entidades estructuradas que sirven como significados oracionales y pueden ser introducidas mediante inferencias válidas. Sin embargo, ontológicamente deben tratarse como entidades puramente ficcionales.
11. Escepticismo semántico
Quine (1960 y 1969) inició un enfoque escéptico respecto al significado sumamente influyente. La referencia está siempre indeterminada, en último término es inescrutable, y las intensiones son siempre sospechosas.
Schiffer (1989) también ofreció fuertes argumentos escépticos acerca de la consistencia o viabilidad de cualquier teoría del significado. Y Kripke (1982) formuló argumentos escépticos con un alcance muy general basados en su interpretación del problema de «seguir una regla» tratado por Wittgenstein (1953).
El significado es un caso claro de seguimiento de reglas. Pero según Kripke, al hablar un lenguaje lo único que hay son conductas que podrían llegar a ajustarse a un número infinito de reglas sustancialmente diferentes. No existe ningún tipo de hechos sobre los que pueda basarse la normatividad que implica tener cierto significado.
El escepticismo semántico se enfrenta al mismo tipo de problemas que debe afrontar un escepticismo epistemológico radical. Sobre todo, se enfrenta a problemas de autorefutación. Si fuera verdadero, ¿qué valor podría tener decir justamente la última frase del párrafo anterior?
Frente a estos problemas, el escepticismo semántico puede acabar conduciéndonos a 1) un primitivismo, a 2) una defensa de la circularidad o, acaso, a 3) un minimalismo. Pero también, puede conducir a 4) un eliminativismo nihilista semántico. Tal vez los significados sean propiedades solo atribuidas, sin fundamento alguno más allá de asociarse contextualmente con ciertos patrones conductuales y ciertas actitudes subjetivas. Sin embargo, aún si este fuera el caso, la metasemántica no se vaciaría de contenido. Su programa consistiría ahora en la justificación de este enfoque escéptico, o nihilista, respecto al significado frente al resto de posibles enfoques.
4. El sentido de la metasemántica
Hagamos un pequeño balance de las posiciones metasemánticas que hemos ido presentando.
El primitivismo y el escepticismo semántico, con posibles implicaciones nihilistas, son los extremos de un amplio espectro que va desde la aceptación de los fenómenos semánticos como siendo ontológicamente primitivos hasta las sospechas más radicales acerca de que realmente existan.
Primitivismo y platonismo son posiciones muy cercanas. Sin embargo, el platonismo suele ofrecer elaboraciones detalladas de cómo el sentido, la referencia y la verdad se relacionan entre sí. El orden de prioridades entre estos conceptos semánticos suele ser el siguiente: los hablantes tienen la capacidad de acceder a un mundo de sentidos vinculados a las expresiones de los lenguajes que utilizan, estos sentidos fijan de manera sistemática las referencias en el mundo. A veces, la verdad queda determinada por cómo sea el mundo. Y otras veces, queda determinada sea como sea el mundo.
El mentalismo, el naturalismo y el enfoque del significado como condiciones de verdad, o tal vez de asertabilidad, reorganizan de otra forma esas prioridades. En el mentalismo, ciertos estados mentales desempeñan el papel fundamentador. En el naturalismo, ese papel lo desempeñan los hechos del mundo. Y en el enfoque del significado como condiciones de verdad, o asertabilidad, el papel fundamentador recae sobre ciertos estados mentales acerca de los hechos del mundo.
La pragmática como fuente de significado y el significado como papel funcional introducen nuevos ingredientes. En el primer caso, es el uso público del lenguaje. En el segundo, es la noción de papel funcional. Tener en cuenta el uso del lenguaje permite conectar la semántica con la pragmática. Pero obliga a asumir el riesgo de «pérdida de identidad» en ambas disciplinas, pérdida de identidad que volvemos a encontrar en el contextualismo. Por otro lado, tener en cuenta la importancia de las estructuras funcionales conecta de lleno la semántica con disciplinas como la inteligencia artificial. Y aquí el riesgo principal es el de una «pérdida de realidad».
Todas las posiciones clásicas que hemos presentado después del primitivismo admiten muy diversas combinaciones. Y por ello, podemos encontrar una gran variedad de planteamientos concretos. Las posiciones más recientes del expresivismo, el contextualismo y el minimalismo también han abierto nuevos caminos.
El expresivismo ha mostrado su gran poder explicativo a la hora de conectar nuestras prácticas lingüísticas en un medio social con contenidos semánticos cognitivos sensibles a la normatividad propia del uso del lenguaje, en particular a la normatividad de la lógica.
El contextualismo es una variedad específica de externismo contraria al minimalismo, que tiende al internismo. Contextualismo y minimalismo representan dos enfoques opuestos sobre cómo interpretar el significado de las expresiones lingüísticas. El contextualismo, especialmente el radical, sostiene que la semántica no puede separarse de la pragmática. Las interpretaciones del significado siempre involucran aspectos pragmáticos, es decir, la forma en que los hablantes y oyentes usan el lenguaje en situaciones específicas. Por otro lado, el minimalismo en filosofía del lenguaje sostiene que el significado de las expresiones lingüísticas es en gran medida «literal», en el sentido de ser independiente del contexto. Y que debe distinguirse entre semántica y pragmática. Sobre la distinción semántica/pragmática, véase Bach (1999).
En el contextualismo, la distinción entre semántica y pragmática vuelve a ser borrosa. Esto produce una pérdida de normatividad y una deriva hacia el relativismo. Cómo frenar tal deriva es un problema importante en el contextualismo. Y dicho problema es similar al que también surge en los ámbitos de la epistemología y la ética.
En el minimalismo, la semántica y la pragmática son dominios distintos (Soames, 2002). Es más, el minimalismo ha contribuido decisivamente a desmitificar la semántica, poniendo de relieve el valor inferencial de los propios conceptos de significado y verdad. El problema es si este tipo de fundamentación de la semántica acaba siendo suficiente.
La última de las posiciones que hemos examinado es la del escepticismo semántico, y su variante extrema nihilista. Como hemos dicho, esta posición comparte algo con el primitivismo. No podemos explicar ni analizar los fenómenos semánticos. Pero mientras que la actitud del primitivismo es optimista, la actitud del escepticismo semántico es profundamente pesimista. Tal vez los fenómenos semánticos no sean más que una ilusión. Tal vez no exista nada como el significado, la referencia, el sentido, la verdad, el uso del lenguaje, la comunicación, la normatividad lingüística, etc. Recordemos una vez más que existen posiciones muy parecidas en epistemología y en ética. Y que todos estos eliminativismos nunca pueden tener efectos prácticos directos. Los significados no son dispensables en nuestras vidas. No puede dejar de preocuparnos el significado de lo que decimos y el significado de lo que los demás dicen.
¿Ha de existir un único enfoque metasemántico correcto, un enfoque capaz de descubrir las fuentes últimas de todo significado? Es tentador responder afirmativamente. Pero suponer que debe existir ese enfoque tal vez no sea exactamente como pensar que deben existir unas fuentes últimas del Nilo. Tal vez sea como pensar que todos los ríos de nuestro planeta, y acaso también de otros planetas, han de proceder de una misma fuente.
Manuel Liz Gutiérrez
(Universidad de La Laguna)
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- Zalabardo, J. (2023) Pragmatists Semantics. A Use-Based Approach to Linguistic Representation. Oxford: Oxford Univ. Press.
Lecturas recomendadas en castellano
- García Suárez, A. (2019) Nuevas aproximaciones a los modos de significar. Una introducción temática a la filosofía del lenguaje (3ª ed.). Madrid: Tecnos.
- Pérez Chico, D. (ed.) (2013) Perspectivas en la filosofía del lenguaje. Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza.
- Valdés Villanueva, L.M. (comp.) (2005) La búsqueda del significado (4ª ed,). Madrid: Tecnos.
Recursos en línea
- Speaks, J. (2024) Theories of Meaning. En: The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Edición de invierno 2024). Ed. por Zalta, E. N. y Nodelman, U. Accesible en https://plato.stanford.edu/archives/win2024/entries/meaning/.
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Liz Gutiérrez, Manuel (2024): “Metasemántica”, Enciclopedia de la Sociedad Española de Filosofía Analítica (URL: http://www.sefaweb.es/metasemantica/).














