En la filosofía actual ha irrumpido con fuerza una posición filosófica que parecía olvidada: el pampsiquismo. Y contra todo pronóstico se ha convertido en una de las alternativas más discutidas tanto en el ámbito de la filosofía de la mente como en el de la metafísica.
Los dos primeros apartados describen en líneas generales el pampsiquismo y su papel en la historia de la filosofía. El tercer apartado introduce la problemática pampsiquista tal como se ha iniciado y desarrollado en la filosofía actual, incluyendo una serie de distinciones cruciales. El apartado cuarto presenta los principales argumentos a favor del pampsiquismo. Finalmente, el apartado quinto recoge las objeciones más frecuentes al pampsiquismo y algunas posibles respuestas.
1. La naturaleza de la mente
¿Qué es la mente? Es inevitable una descripción fenomenológica. La mente parece estar formada por fenómenos intencionales (creencias, deseos, etc.), fenómenos cualitativos (tener experiencia de colores, dolores, etc.) y algo que podemos llamar la constitución de identidades subjetivas (en último término, personas).
Si a continuación nos preguntamos por el modo de existencia que puede tener la mente, encontramos tres tipos de respuestas principales: fisicalistas, dualistas y pampsiquistas. Pero estas tres respuestas se llenan inmediatamente de problemas. Y los matices se vuelven imprescindibles.
El fisicalismo considera que los fenómenos naturales existen con independencia de la mente y que la mente es explicable y reducible, acaso eliminable, en términos de las ciencias naturales. Sin embargo, esta posición es muy imprecisa. Deben aclararse las nociones de independencia, explicación, reducción y eliminación. También en qué horizonte temporal son esperables esas explicaciones, reducciones o eliminaciones. Y también las diferencias entre ser fisicalista, ser materialista y, simplemente, tener una actitud favorable hacia la ciencia. En cualquier caso, podemos encontrar este tipo de enfoque desde el comienzo mismo de la filosofía y de la ciencia. Se inició con el atomismo griego, la ciencia moderna lo generalizó y recibió un renovado impulso con Darwin.
El dualismo acepta la existencia tanto de los fenómenos naturales como de los fenómenos mentales, rechazando que los segundos puedan ser siquiera explicables en términos de las ciencias naturales. Esta posición vuelve a ser muy imprecisa. Necesitamos aclarar muchas de las nociones que ya aparecían en el caso anterior. También, lo que puede significar existir de una manera independiente de esa manera de existir tan básica que atribuimos a lo físico. Y también debemos distinguir entre un dualismo de sustancias, un dualismo de propiedades, un dualismo simplemente descriptivo, etc.
Frente a los dos enfoques anteriores, el pampsiquismo propone una forma simple y elegante de entender la mente. Los fenómenos mentales podrían ser tan básicos e irreducibles como los fenómenos que constituyen lo que habitualmente consideramos el mundo físico, material o natural. Pero no deberíamos considerarlos formando un dominio aparte. Podrían estar distribuidos por toda la realidad, seguramente de forma muy variable y con diferente grado de complejidad. A veces se dice que el pampsiquismo afirma que la mente es ubicua. Pero esta forma de hablar es confusa pues, en sentido estricto, la existencia de algo que no fuera de algún modo mental, que no estuviera impregnado de mentalidad, implicaría la falsedad del pampsiquismo.
Algunas referencias importantes cercanas a las discusiones del pampsiquismo son Broad (1925), Chalmers (1996), Eddington (1929), Papineau (1993), Rosenberg (2004; 2016), Sellars (1962), Smart (1981) y Whitehead (1929). Sobre la posibilidad de que la mente deba considerarse un componente básico o fundamental de la realidad, véase especialmente Blamauer (2011), Chalmers (2015; 2016), Eddington (1929), Freeman (2006), Goff (2017), McGinn (1989; 1999; 2006), Nagel (1979; 1986), Pereboom (2011), Robinson (2016), Roelofs (2014; 2016), Schwitzgebel (2015) y G. Strawson (2003).
2. El pampsiquismo en la historia de la filosofía
La constitución de una disciplina filosófica con el rótulo «filosofía de la mente» es reciente. Sin embargo, las reflexiones sobre la mente son muy antiguas, mucho más que la propia filosofía. Encontramos abundantes referencias en los mitos y ritos, en las religiones y en la literatura.
Hay abundantes reflexiones sobre la mente en los primeros filósofos griegos, incluyendo muchas veces ideas pampsiquistas. Tales de Mileto, por ejemplo, nos habla de la ubicuidad de la mente. Todo está lleno de dioses, o de almas. Anaxágoras evita las explicaciones sobre la emergencia de nuevas entidades afirmando que todo está en todo. Y Platón, en su Timeo, introduce un tema posteriormente desarrollado por Plotino y que continúa activo hasta nuestros días, el de la existencia de un «alma del mundo».
Mucho después, encontramos ecos pampsiquistas en Espinoza y en Leibniz. El primero, en la línea de Platón, nos habla de un pampsiquismo cósmico. El segundo, al igual que Tales y Anaxágoras, nos habla de un pampsiquismo atómico. Nuestras mentes individuales se constituyen a partir de otras mentes mucho más simples: las mónadas. En ambos casos, hay una oposición tanto al mecanicismo introducido por la naciente ciencia moderna como a la concepción dualista ofrecida por Descartes.
El pampsiquismo siempre se ha aprovechado tanto de las dificultades para integrar los fenómenos mentales en una concepción científica de la realidad como de la indeterminación acerca de cuál puede ser la naturaleza intrínseca de la propia realidad. Kant condensa esas dificultades y esta indeterminación en la distinción entre fenómeno y noúmeno. El noúmeno es la realidad en sí misma. Está fuera del alcance del conocimiento científico. Sin embargo, nosotros mismos somos noúmeno. Y de algún modo entramos en contacto con esa realidad en sí misma al tener experiencias sensibles y al actuar. La realidad en sí misma, por tanto, podría tener una naturaleza similar a la de nuestro pensamiento, experiencia y voluntad. Tanto el idealismo alemán como Schopenhauer desarrollaron por distintas vías estos temas.
A finales del siglo XIX, realmente tuvo lugar un significativo aumento de propuestas pampsiquistas, siempre vinculadas a la necesidad de integrar la mente en el mundo natural. Algunos autores importantes en este periodo son Eduard von Hartmann, Gustav Fechner, Wilhelm Wundt, Rudolf Hermann Lotze, Josiah Royce y William Clifford.
Según llegamos al siglo XX, los monismos neutrales de William James (1912) y de Bertrand Russell (1927) sostienen que la realidad en sí misma no tiene una naturaleza ni física ni mental. En conexión con los profundos cambios de la ciencia de su época, también defienden este tipo de posición autores como Whitehead (1929) y Eddington (1929).
Sobre el monismo neutral y sus conexiones con el pampsiquismo, principalmente con lo que dentro de un poco llamaremos protopampsiquismo, véase Alter y Nagasawa (2015), Coleman (2016) y Stoljar (2013). Y sobre la historia general del pampsiquismo, véase Clarke (2004) y Skrbina (2005).
3. El pampsiquismo en la actualidad
Después de una prolongada etapa de silencio, a finales del siglo XX resurgen las ideas pampsiquistas. Los principales responsables son Thomas Nagel (1979; 1986), Galen Strawson (1994;2003; 2006a; 2006b; 2009) y David Chalmers (1996; 2015; 2016). En Nagel, el pampsiquismo se ofrece como alternativa frente a las oscuridades del emergentismo, en Strawson como una exigencia metodológica dentro de las propias posiciones del naturalismo, y en Chalmers como una opción que merece la pena explorar frente al problema difícil (the hard problem) de la conciencia.
El pampsiquismo actual se encuentra en un estado de gran vitalidad e intensa diversificación. Ya hemos mencionado la posibilidad de un «pampsiquismo cósmico» frente a un «pampsiquismo atomista». En el pampsiquismo cósmico, nuestras mentes individuales se derivan de una omnipresente mente cósmica. En el pampsiquismo atomista, nuestras mentes individuales se derivan de mentes más simples, llegando hasta la supuesta mentalidad de las partículas físicas elementales. Estas dos variedades de pampsiquismo se orientan en direcciones opuestas. A veces también se utilizan, respectivamente, las etiquetas «cosmopsiquismo» y «micropsiquismo». Sobre el cosmopsiquismo, véase Nagasawa y Wager (2017) y Shani (2015). Sobre el micropsiquismo, véase Lewtas (2013), List (2018) y Zeki (2007).
Hay otras distinciones igualmente importantes. Una de ellas se establece entre un «panexperiencialismo» y un «panintencionalismo». Para el primero, los fenómenos mentales fundamentales distribuidos por toda la realidad son de tipo cualitativo, fenómenos como nuestras experiencias subjetivas. Para el panintencionalismo, los fenómenos mentales fundamentales son de un tipo intencional, tal vez simplemente estados y procesos informacionales. En tal caso, el pampsiquismo se conectaría con las interpretaciones de la física que consideran que la información es un ingrediente básico de la realidad, acaso el único ingrediente. Sin embargo, si no se asume algún aspecto cualitativo volvemos directamente a la casilla de salida. Vuelve a ser sumamente difícil explicar cómo, a partir tan sólo de ingredientes intencionales, pueden originarse mentes como las nuestras, con fuertes componentes cualitativos o experienciales. Sobre el panexperiencialismo, véase Coleman (2006), así como Jaskolla y Buck (2012).
Otra distinción relevante se plantea entre un «pampsiquismo constitutivo» en el que las mentes humanas se derivan de fenómenos mentales más básicos, y un «pampsiquismo no constitutivo» en el que mentes como las humanas son básicas o fundamentales, en el sentido de no derivarse de ninguna otra cosa. El primer tipo de pampsiquismo suele resultar más atractivo al poder admitir diferentes niveles o grados (véase Miller, 2018). Sin embargo, como veremos más adelante, se acercaría peligrosamente a las posiciones del emergentismo que el pampsiquismo se esfuerza por evitar. Véase al respecto van Cleve (1990).
También es muy importante, por último, la distinción entre «pampsiquismo» y «protopampsiquismo». El segundo enfoque se caracteriza por postular la existencia fundamental de fenómenos que no son propiamente ni físicos ni mentales, pero que servirían de puente entre ambos. Esta moderación metafísica situaría al pampsiquismo muy cerca del monismo neutral que mencionábamos más arriba. El protopampsiquismo es una posición tremendamente flexible. Puede ser igualmente adoptado desde un cosmopsiquismo cósmico y desde posiciones micropsiquistas. Y también puede adoptarse tanto desde un panexperiencialismo como desde un panintencionalismo. Sobre el protopampsiquismo, véase Brüntrup y Jaskolla (2016) y Chalmers (2015 y 2016).
Hay numerosos autores actuales que han analizado y desarrollado el pampsiquismo. Entre los más representativos estarían Alter y Nagasawa (2015), Brüntrup y Jaskolla (2016), Chalmers (1996; 2015; 2016), Clarke (2004), Goff (2017), Nagel (1979; 1986), Seager (1995; 2001; 2016; 2019), Skrbina (2005), Stoljar (2006), G. Strawson (1994; 2003; 2006a; 2006b; 2008; 2009).
4. Los argumentos a favor del pampsiquismo
Presentaremos a continuación algunos de los argumentos más destacados a favor del pampsiquismo.
- Una solución simple y elegante a los problemas de fractura de la realidad
Los fenómenos mentales no acaban de encajar bien con el resto de la realidad. Hay problemas de falta de conexión. Podemos mencionar el problema mente/cuerpo, el problema del vacío explicativo (Levine, 1983; Carruthers y Schechter, 2006), el problema de la eficacia causal de lo mental (Kim, 1993; 1998), el «problema difícil» de la conciencia (Chalmers, 1996), etc.
Postular la existencia irreducible de fenómenos mentales ofrecería una sugerente alternativa a las opciones habituales del dualismo y del fisicalismo. El resultado sería una respuesta simple y elegante a todos los problemas anteriores desde una concepción unificada e integradora de la realidad.
- Una explicación de la naturaleza intrínseca de la realidad
Como hemos dicho, una de las líneas argumentales más importantes a favor del pampsiquismo consiste en llenar el vacío acerca de cuál puede ser la naturaleza intrínseca de la realidad. Esta preocupación estuvo muy presente en James, Russell y Whitehead. Y ya hemos señalado que tiene antecedentes directos en Kant y en las filosofías posteriores. El pampsiquismo no sólo explicaría la naturaleza de la mente, al mismo tiempo explicaría la naturaleza intrínseca del propio mundo físico o material.
El pampsiquismo argumenta que la única pista que tenemos sobre la naturaleza intrínseca de la realidad es nuestra experiencia interna como entidades que tienen mente, en particular experiencia subjetiva. La experiencia que tenemos de nosotros mismos nos permite conocer la realidad en sí misma. Podemos conocerla, por decirlo así, «desde dentro».
- Una alternativa frente a los problemas del emergentismo
Otra de las virtudes más aplaudidas del pampsiquismo es su capacidad para sortear los problemas del emergentismo.
El emergentismo puede tener dos versiones, una débil y otra fuerte. En sus versiones débiles, las propiedades emergentes son explicables en términos de las propiedades más básicas. La gran mayoría de las propiedades de nuestro mundo ordinario son realmente así. Hay explicaciones físicas de la solidez de los objetos que tenemos alrededor. También acerca de cómo se forman los volcanes y las nubes, o sobre la gran variedad de plantas y animales que pueblan nuestro planeta. Incluso hay buenas explicaciones sobre el origen de la vida, sobre cómo pudieron formarse los primeros compuestos orgánicos.
No hay ningún problema metafísico con la emergencia en sentido débil. Pero la emergencia en su sentido fuerte es muy diferente. Las propiedades emergentes en este sentido no pueden ser explicadas en términos de propiedades más básicas. Nuestra experiencia subjetiva es de este tipo. Respecto a las propiedades mentales de tipo intencional, podemos tener alguna idea sobre cómo podrían explicarse en términos de gestión de la información, computación, causalidad, etc. Sin embargo, respecto a la experiencia subjetiva existe un tremendo vacío explicativo. Y en el caso de mentes como la nuestra, ese vacío explicativo se extiende a prácticamente toda nuestra vida mental.
La emergencia en sentido fuerte es tremendamente problemática. Y ello favorece la existencia de abundantes posiciones eliminativistas. Sin embargo, algunos autores utilizan justamente consideraciones como las anteriores para elaborar argumentos a favor del pampsiquismo. Esta posición se propondría como la única alternativa plausible tanto frente al emergentismo en sentido fuerte, o radical, como frente al eliminativismo. El pampsiquismo sería más plausible que cualquiera de ellos. Sobre este punto, véase Nagel (1979). Y sobre las diferencias entre el emergentismo y el pampsiquismo, van Cleve (1990).
Galen Strawson (1994; 2003; 2006a; 2006b; 2009) sugiere conclusiones con un alcance modal mucho mayor. Considera que la carencia de explicaciones físicas de nuestra mente se debe a la forma general en la que la ciencia intenta conocer la realidad. No es algo circunstancial, sino un rasgo constitutivo. La imposibilidad de explicar en términos físicos la mente, especialmente la experiencia subjetiva, es una imposibilidad de principio.
Como hemos dicho, otro de los grandes animadores de las discusiones sobre el pampsiquismo en la filosofía actual es Chalmers (1996; 2015; 2016). Su pampsiquismo tiene más el carácter de hipótesis empírica que de respuesta trascendental. Y hay una razón muy importante para esta modestia. No sabemos cómo puede llegar a ser la ciencia del futuro.
5. Objeciones y respuestas
A continuación, presentamos varias de las dificultades más graves a las que se enfrenta el pampsiquismo, acompañadas de algunas vías de solución.
- ¿Partículas físicas con propiedades mentales?
Según el pampsiquismo, lo que se necesita no es naturalizar la mente sino psicologizar la naturaleza. Pero esto llega al extremo de tener que atribuir propiedades mentales a las partículas físicas elementales.
¿Puede el pampsiquismo hacer frente a esa implausibilidad? Si pensamos en términos de un protopampsiquismo, es posible. Y otro importante recurso es abrir las puertas a pampsiquismos que no sean exclusivamente micropampsiquistas.
- ¿Por qué parece haber muchas cosas sin mente?
Ningún elemento de la tabla periódica parece tener mente. Tampoco parecen tenerla las sustancias químicas compuestas, ni los hongos. Actualmente se discute si las plantas o los animales pueden tener algún tipo de mente (véase respectivamente Calvo, 2022; García Rodríguez, 2023). En cualquier caso, la mayoría de las entidades macroscópicas ordinarias no parecen tener una mente como la nuestra.
La respuesta del pampsiquismo a esta objeción puede seguir el mismo camino que acabamos de señalar: un protopampsiquismo no exclusivamente micropampsiquista. El pampsiquismo sólo necesita mantener que todo podría llegar a formar entidades con mente. Si esa posibilidad de tener mente, incluyendo sobre todo experiencias subjetivas, es lo que está por todas partes, entonces conseguimos los objetivos explicativos del pampsiquismo sin ejercer demasiada violencia sobre nuestras concepciones ordinarias y científicas de la realidad.
- ¿Qué atribuciones de mente son adecuadas y cuáles no?
Cabe hablar de mentes artificiales, de mentes animales, de mentes alienígenas, de la mente de las plantas, etc. Decíamos que la mente puede caracterizarse como una combinación de fenómenos intencionales, fenómenos cualitativos y algo que llamábamos identidad psicológica personal. Pero las dosis de estos ingredientes pueden ser muy variadas. Y si asumimos que podemos hablar de la mente de las plantas, ¿por qué no vamos a hablar, por ejemplo, de la mente de los «zombis»? (Sobre el uso filosófico de la figura de los zombis, véase Chalmers, 1996).
El pampsiquismo debería poder decir qué atribuciones son adecuadas y cuáles no. Y debería poder decir dónde empiezan los abusos semánticos. Sin embargo, en este punto, la única respuesta del pampsiquismo es que se trata de un programa de investigación aún incipiente.
- ¿Por qué la mente va a ser la naturaleza intrínseca de la realidad?
El monismo neutral de James es plenamente compatible con el pampsiquismo. La ciencia nos ofrece un conocimiento relacional de la realidad y nuestra experiencia consciente nos pone en contacto directo con su naturaleza intrínseca. Pero el monismo neutral de Russell (1927) es algo diferente. El conocimiento que obtenemos de nosotros mismos en nuestra experiencia consciente, un conocimiento by acquaintance, o por familiaridad, no es un conocimiento conceptual o proposicional. No es un conocimiento con un contenido evaluable como verdadero o falso. Su contenido es simplemente una experiencia. Y si lo transformamos en un conjunto de creencias, entonces seguramente tendremos que evaluar muchas de tales creencias como falsas. ¿Por qué, entonces, empeñarnos en que la verdad del pampsiquismo, que la realidad ha de tener componentes mentales básicos irreducibles, puede seguirse del conocimiento que obtenemos en nuestra experiencia consciente?
El pampsiquismo tiene tres recursos inmediatos: 1) adoptar un sentido más cercano al del monismo neutral defendido por James, 2) optar claramente por un protopampsiquismo, y 3) poner más peso en su carácter hipotético. Estos recursos pueden mezclarse y añadirse otros. La existencia de conceptos fenoménicos, por ejemplo, facilitaría la primera opción (véase Alter y Walter, 2007). En cualquier caso, la relevancia de los dos primeros recursos nos ofrecería algo bastante diferente de las versiones pampsiquistas habituales.
- ¿Cómo podrían combinarse las mentes?
¿Cómo pueden generarse mentes como las nuestras a partir de fenómenos mentales más básicos? Este es el llamado «problema de la combinación» (the combination problem). Suele considerarse el problema más importante del pampsiquismo. Véase Coleman (2012; 2014), Goff (2006; 2009a; 2009b; 2010; 2015; 2017), Mendelovici (2019), Montero (2016), Morris (2017), Roelofs (2019a; 2019b) y Shani (2010).
Construimos una casa combinando adecuadamente ladrillos, cemento, agua, vigas, etc. Con las mentes que tienen conciencia personal no parece ocurrir eso. No está claro que podamos llegar a tener una mente con conciencia personal juntando o combinando componentes no mentales. Pero tampoco está nada claro que podamos obtener una mente personal juntando o combinando otras mentes.
Una respuesta pampsiquista eficaz consistiría en abandonar, al menos en ciertos casos, el pampsiquismo atomista en favor de un pampsiquismo cósmico. Pero el pampsiquismo cósmico tiene un problema inverso al problema de la combinación. ¿Cómo puede concretarse o individualizarse una mente cósmica universal, en cualquier caso una mente más general diferente de la nuestra, de manera que tengamos como resultado mentes personales? La única alternativa parece ser, como sostiene el pampsiquismo no constitutivo, postular como entidades fundamentales mentes con conciencia personal. Sobre este problema, inverso al problema de la composición, véase Miller (2017), Parfit (1984), Perry (1972), Sperry (1964; 1984) y Stephens y Graham (2000).
Los dos problemas que acabamos de considerar se enfrentan a planteamientos metafísicos tradicionales acerca de la sustancialidad de las personas. Pero debe subrayarse que tal sustancialidad no tendría por qué alejarnos de una concepción fisicalista, materialista o naturalista de la realidad. En el pampsiquismo, esa sustancialidad de las personas tendría que ser vista como una posibilidad interna al mundo físico, material o natural.
- Un problema de pérdida progresiva de identidad
Literalmente, «pampsiquismo» significa que la mente está en todo, o que todo tiene mente. Como hemos estado viendo, no es nada fácil dar un sentido plausible a esta idea sin hacer múltiples consideraciones.
Necesitamos matizar si el pampsiquismo nos compromete con un pampsiquismo atomista (micropsiquismo), o con un pampsiquismo cósmico (cosmopsiquismo), acaso con el carácter fundamental de las mentes con conciencia personal, como defiende el pampsiquismo no constitutivo. Necesitamos también matizar el carácter fundamental de las propiedades mentales, afirmando tal vez un protopampsiquismo en lugar de un pampsiquismo directo. Necesitamos también matizar la ubicuidad de lo mental, considerando que seguramente las propiedades mentales o protomentales no estén repartidas de igual modo por toda la realidad. Además, debemos reconocer que la mente humana no tiene por qué ser el paradigma de lo mental, sino que podría haber una gran variedad de tipos de mentes. Y también, que nos movemos con una gran inseguridad frente al gran número de diferentes tipos de mentes que en principio podrían existir. En una situación así, no queda muy clara la identidad del pampsiquismo. Ni tampoco sus ventajas respecto a otras posiciones más cercanas a un monismo neutral o incluso a un «misterismo» (véase McGinn 1989; 1999; 2006).
¿Tendremos que resignarnos a abandonar el pampsiquismo y quedarnos con las otras dos opciones que mencionábamos al principio: el fisicalismo y el dualismo? ¿Es el pampsiquismo simplemente un dualismo disfrazado de naturalización? ¿Es un fisicalismo con matices exóticos?
Como hemos estado viendo, el pampsiquismo admite muchas reformulaciones. Esto le permite defenderse de las objeciones planteadas. Sin embargo, esta enorme capacidad de respuesta pampsiquista también implica una gran debilidad. Con cada propuesta de redefinición, el perfil del pampsiquismo va perdiendo sus contornos.
De todos modos, el fisicalismo y el dualismo también se llenan enseguida de problemas. Y es indudable la fuerte irrupción del pampsiquismo en los debates actuales sobre filosofía de la mente. Esta irrupción ha puesto nuevamente de manifiesto la necesidad de llegar a algún tipo de concepción unificada e integradora de la realidad. Y ha tenido un efecto positivo muy importante. Nos ha hecho recordar lo poco que aún sabemos sobre nuestra mente consciente personal. Y lo abiertas que siguen estando todas las posibilidades.
Manuel Liz Gutiérrez
(Universidad de La Laguna)
Referencias
- Alter, T., y Nagasawa, Y. (eds.) (2015). Consciousness in the Physical World: Perspectives on Russellian Monism. Nueva York: Oxford University Press.
- Alter, T., y Walter, S. (eds.) (2001). Phenomenal Concepts and Phenomenal Knowledge. New Essays on Consciousness and Physicalism. Oxford, Oxford University Press.
- Blamauer, M. (ed.) (2011). The Mental as Fundamental: New Perspectives on Panpsychism. Frankfurt: Ontos Verlag.
- Broad, C. D. (1925). The Mind and Its Place in Nature. Londres: Kegan Paul.
- Brüntrup, G., y Jaskolla, L. (eds.) (2016). Panpsychism: Contemporary Perspectives. Nueva York: Oxford University Press.
- Calvo, P. (2022). Planta Sapiens. The Bridge Street Press.
- Carruthers, P., y Schechter, E. (2006). Can Panpsychism Bridge the Explanatory Gap? Journal of Consciousness Studies, 13 (10–11): 32–39.
- Chalmers, D. (1996). The Conscious Mind: Towards a Fundamental Theory. Nueva York: Oxford University Press. Existe traducción al castellano: La mente consciente. En busca de una teoría fundamental. Barcelona, Gedisa, 1999.
- Chalmers, D. (2015). Panpsychism and Panprotopsychism. En: Alter y Nagasawa (eds.) (2015): 246-276.
- Chalmers, D. (2016). The Combination Problem for Panpsychism. En: Brüntrup y Jaskolla (eds.) (2016): 179-214.
- Clarke, D. (ed.) (2004). Panpsychism: Past and Recent Selected Readings. Nueva York: State University of New York Press.
- Coleman, S. (2006). Being Realistic: Why Physicalism May Entail Panexperientialism. Journal of Consciousness Studies, 13 (10–11): 40–52.
- Coleman, S. (2012). Mental Chemistry: Combination for Panpsychists. Dialectica, 66 (1): 137–66.
- Coleman, S. (2014). The Real Combination Problem: Panpsychism, Micro-Subjects, and Emergence. Erkenntnis, 79 (1): 19–44.
- Coleman, S. (2016). Panpsychism and Neutral Monism: How to Make Up One’s Mind. En: Brüntrup & Jaskolla (eds.) (2016): 249–282.
- Eddington, A. (1929). The Nature of the Physical World. Gifford Lectures. Cambridge: Cambridge University Press. Existe traducción al castellano: La naturaleza del mundo físico. Buenos Aires, Editorial Sur, 1938.
- Freeman, A. (ed.) (2006). Consciousness and Its Place in Nature: Does Physicalism Entail Panpsychism? Charlottesville: Imprint Academic.
- García Rodríguez, A. (2023). El pensamiento de los animales. Madrid, Cátedra.
- Goff, P. (2006). Experiences Don’t Sum. Journal of Consciousness Studies, 13 (6): 53–61.
- Goff, P. (2009a). Can the Panpsychist Get Round the Combination Problem? En: D. Skrbina (ed.) (2009): 129-135.
- Goff, P. (2009b). Why Panpsychism Doesn’t Help Us Explain Consciousness. Dialectica, 63 (3): 289–311.
- Goff, P. (2010). There Is No Combination Problem. En: Blamauer (ed.) (2011).
- Goff, P. (2015). Against Constitutive Panpsychism. En: Alter y Nagasawa (2015): 370–400.
- Goff, P. (2017). The Phenomenal Bonding Solution to the Combination Problem. En: Brüntrup & Jaskolla (2017): 283–302.
- Goff, P. (2017). Consciousness and Fundamental Reality. Nueva York: Oxford University Press.
- James, W. (1912). Essays in Radical Empiricism. Nueva York: Dover, 2003. Existe traducción al castellano: Ensayos de empirismo radical. Buenos Aires, Cactus, 2020.
- Jaskolla, L., y Buck, A. (2012). Does Panexperientialistic Holism Solve the Combination Problem? Journal of Consciousness Studies, 19 (9–10): 190–199.
- Kim, J. (1993). Supervenience and Mind: Selected Philosophical Essays, Cambridge: Cambridge University Press.
- Kim, J. (1998). Mind in a Physical World. Cambridge: MIT Press.
- Levine, J. (1983). Materialism and Qualia: The Explanatory Gap. Pacific Philosophical Quarterly, 64 (4): 354-361.
- Lewtas, P. (2013). What Is It Like to Be a Quark? Journal of Consciousness Studies, 20 (9–10): 39–64.
- List, C. (2018). What is it Like to be a Group Agent? Nous, 52 (2): 295–319.
- McGinn, C. (1989). Can We Solve the Mind-Body Problem? Mind, 98: 349–366.
- McGinn, C. (1999). The Mysterious Flame. Conscious Minds in a Material World. Nueva York: Basic Books.
- McGinn, C. (2006). Hard Questions. En: Freeman (ed.) (2006).
- Mendelovici, A. (2019). Panpsychism’s Combination Problem Is a Problem for Everyone. En: W. Seager (ed.) (2019).
- Miller, G. (2017). Can Subjects Be Proper Parts of Subjects? The De-combination Problem. Ratio, 30 (2): 1–18.
- Miller, G. (2018). Forming a Positive Concept of the Phenomenal Bonding Relation for Constitutive Panpsychism. Dialectica, 71 (4): 541–562.
- Montero, B. (2016). What Combination Problem? En Brüntrup and Jaskolla (eds.) (2016).
- Morris, K. (2017). The Combination Problem: Subjects and Unity. Erkenntnis, 82 (1): 103–120.
- Nagasawa, Y., y Wager, K. (2017). Panpsychism and Priority Cosmopsychism. En: Brüntrup y Jaskolla (eds.) (2016).
- Nagel, T. (1979). Panpsychism. En: Mortal Questions. Cambridge, Cambridge University Press: 181-195.
- Nagel, T. (1986). The View from Nowhere. Oxford: Oxford University Press.
- Noonan, H. (1989). Personal Identity. 2nd edition 2003. Nueva York: Routledge.
- Papineau, D. (1993). Philosophical Naturalism. Oxford: Blackwell.
- Parfit, D. (1999). Experiences, Subjects, and Conceptual Schemes. Philosophical Topics, 26: 217–270.
- Pereboom, D. (2011). Consciousness and the Prospects of Physicalism. Nueva York: Oxford University Press.
- Perry, J. (1972). Can the Self Divide? Journal of Philosophy, 69: 463–488.
- Robinson, H. (2016). From the Knowledge Argument to Mental Substance: Resurrecting the Mind. Cambridge: Cambridge University Press.
- Roelofs, L. (2014). What Are the Dimensions of the Conscious Field? Journal of Consciousness Studies, 21 (7–8): 88–104.
- Roelofs, L. (2016). The Unity of Consciousness, Within and Between Subjects. Philosophical Studies, 173 (12): 3199–3221.
- Roelofs, L. (2019a). Can We Sum Subjects? Evaluating Panpsychism’s Hard Problem. En: Seager (ed.) (2019).
- Roelofs, L. (2019b). Combining Minds. How to Think About Composite Subjectivity. Oxford: Oxford University Press.
- Rosenberg, G. (2004). A Place for Consciousness: Probing the Deep Structure of the Natural World. Oxford: Oxford University Press.
- Rosenberg, G.(2016). Land Ho? We Are Close to a Synoptic Understanding of Consciousness. En Brüntrup y Jaskolla (eds.) (2016).
- Russell, B. (1927). The Analysis of Matter. Londres: Kegan Paul. Existe traducción al castellano: El análisis de la materia. Madrid, Taurus, 1976.
- Seager, W. (1995). Consciousness, Information and Panpsychism. Journal of Consciousness Studies, 2–3: 272–288.
- Seager, W. (2016). Panpsychism Infusion. En: Brüntrup y Jaskolla (eds.) (2016): 229-248.
- Seager, W. (2001). The Constructed and the Secret Self. En: A. Brook and R. DeVidi (eds.), Self- Reference and Self-Knowledge, Amsterdam, John Benjamins.
- Seager, W. (ed.) (2019). Routledge Handbook of Panpsychism. Londres: Routledge.
- Schwitzgebel, E. (2015). If Materialism Is True, the United States Is Probably Conscious. Philosophical Studies, 172: 1697–1721.
- Sellars, W. (1963). Philosophy and the Scientific Image of the Man. En: Science, Perception and Reality, Atascadero, Ridgeview. Existe traducción al castellano: Ciencia, percepción y realidad. Madrid, Tecnos, 1971.
- Shani, I. (2010). Mind Stuffed with Red Herrings: Why Williams James’ Critique of the Mind-Stuff Theory Does Not Substantiate a Combination Problem for Panpsychism. Acta Analytica, 25 (4): 413–434.
- Shani, I. (2015). Cosmopsychism: A Holistic Approach to the Metaphysics of Experience. Philosophical Papers, 44 (3): 389–437.
- Skrbina, D. (2005). Panpsychism in the West. Cambridge: MIT Press.
- Skrbina, D. (ed.) (2009), Mind That Abides: Panpsychism in the New Millennium. John Benjamins.
- Smart, J. J. C. (1981). Physicalism and Emergence. Neuroscience, 6: 109–113.
- Sperry, R. (1964). Brain Bisection and Mechanisms of Consciousness. En: J. Eccles (ed.), Brain and Conscious Experience. Berlin: Springer-Verlag.
- Sperry, R. (1984). Consciousness, Personal Identity, and the Divided Brain. Neuropsychologia, 22 (6): 661– 673.
- Stephens, G. L., y Graham, G. (2000). When Self- Consciousness Breaks: Alien Voices and Inserted Thoughts. Cambridge, MA: MIT Press.
- Stoljar, D. (2013). Four Kinds of Russellian Monism. En: U. Kriegel (ed.), Current Controversies in Philosophy of Mind. Nueva York: Routledge.
- Strawson, G. (1994). Mental Reality. Cambridge, MA, Londres: MIT Press.
- Strawson, G. (2003). Real Materialism. En: L. Antony y N. Hornstein (eds.) Chomsky and his Critics, Oxford: Blackwell. Reimpreso en: G. Strawson (ed.) (2008).
- Strawson, G. (2006a). Realistic Materialism: Why Physicalism Entails Panpsychism. Journal of Consciousness Studies, 13 (10–11): 3–31.
- Strawson, G.(2006b). Panpsychism? Replies to Commentators and a Celebration of Descartes. Journal of Consciousness Studies, 13 (10–11): 184–208.
- Strawson, G.(2009). Selves: An Essay in Revisionary Metaphysics. Oxford: Oxford Univ. Press.
- Strawson, G. (ed.) (2008). Real Materialism and Other Essays, Nueva York: Oxford University Press.
- Whitehead, A. (1929). Process and Reality. Nueva York: Macmillan. Existe traducción al castellano: Proceso y realidad. Gerona, Atalanta, 2021.
- Zeki, S. (2007). A Theory of Micro-Consciousness. En: M. Velmans y S. Schneider (eds.), The Blackwell Companion to Consciousness. Oxford: Blackwell.
Lecturas recomendadas en castellano
En castellano escasean las referencias. Puede ser útil la traducción de Chalmers (1996), La mente consciente. En busca de una teoría fundamental. Barcelona, Gedisa, 1999.
Recursos en línea
- Goff, Philip, William Seager, and Sean Allen-Hermanson, «Panpsychism», The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Summer 2022 Edition), Edward N. Zalta (ed.). URL = <https://plato.stanford.edu/archives/sum2022/entries/panpsychism/>.
- David Skrbina, «Panpsychism», Internet Encyclopedia of Philosophy, URL = <https://iep.utm.edu/panpsych>.
Entradas relacionadas
Cómo citar esta entrada
Liz Gutiérrez, Manuel (2025): “Pampsiquismo”, Enciclopedia de la Sociedad Española de Filosofía Analítica (URL: http://www.sefaweb.es/pampsiquismo/)