Sobreveniencia/Superveniencia

La noción de sobreveniencia o superveniencia (en español podemos emplear ambos términos, en inglés el término utilizado es supervenience), y sus derivados, ha adquirido un gran relieve en las discusiones metafísicas recientes. El contexto ha sido la búsqueda de relaciones que permitan entender cómo ciertas entidades, generalmente propiedades, pueden depender de otras de una manera no necesariamente causal ni reductiva. Los dos primeros apartados describen brevemente las discusiones en los ámbitos del fisicalismo y la filosofía de la mente. El apartado tercero presenta algunas de las definiciones que mayor relevancia han tenido. En el apartado cuarto, señalamos varios problemas persistentes en torno al concepto.

1. En busca de lo más básico

La búsqueda de lo más básico o fundamental es parte del intento por llegar a tener una imagen unificada e integradora de la realidad. Las herramientas conceptuales empleadas en esta búsqueda han sido muy variadas. Con frecuencia se han utilizado relaciones de explicación, reducción, constitución y composición. Otras, más recientes, han sido las de truth-making y grounding. Las relaciones de sobreveniencia han ocupado un lugar destacado en esta historia. Sobre la búsqueda de fundamentos ontológicos, pueden consultarse los trabajos de Audi (2012), Bennett (2004; 2017), Bliss y Priest (2018), Fine (2012), Hoeltie, Schnieder y Steinberg (2013), Jago (2016) y Post (1987). Y para un planteamiento escéptico sobre la necesidad de que la realidad tenga fundamentos, véase Schaffer (2003).

La sobreveniencia pretende ser un tipo no causal y no reductivo de relación de dependencia. El núcleo es la idea de que si A sobreviene a B, entonces no pueden existir variaciones o cambios en A sin que existan variaciones o cambios en B. Así presenta la noción, por ejemplo, Lewis (1986, p. 15). Aún sin especificar con mayor detalle las entidades A y B, esto crea una relación muy peculiar entre ellas, una relación que puede ser transitiva, que no tiene por qué ser simétrica (ya que es compatible con variaciones en B que no impliquen variaciones en A), y que puede tener cierta fuerza modal especial de un tipo conceptual o metafísico.

Las relaciones de sobreveniencia suelen establecerse en términos de hechos entendidos como ejemplificación de propiedades. El tipo de propiedades permitiría hablar de hechos físicos, mentales o psicológicos, sociales, morales, estéticos, etc. Así, por ejemplo, podemos afirmar la sobreveniencia de los hechos mentales sobre los hechos físicos.

Algunos autores prefieren utilizar la noción de «evento» en lugar de la de hecho (Davidson, 1970). Los mismos eventos pueden describirse de muchas formas. Pero las descripciones fisicalistas serían las más fundamentales. Todas las demás mantendrían con ellas relaciones de sobreveniencia. A veces, la sobreveniencia también se describe como una relación entre distintos tipos de enunciados. Las verdades expresables en términos de un lenguaje fisicalista serían la base de una sobreveniencia de las verdades expresables en cualquier otro lenguaje (científico, ordinario, moral, estético, etc.). Como veremos más adelante, la sobreveniencia también podría entenderse como una relación epistémica entre lo que podemos afirmar adoptando cierta perspectiva y lo que podríamos afirmar adoptando otras perspectivas.

Ha sido frecuente ver en la noción de sobreveniencia el compromiso mínimo  que debería asumir cualquier proyecto naturalizador, materialista o fisicalista. Esta idea juega un papel central en Davidson (1980), Hellman y Thompson (1977) o Papineau (1993). Este último, por ejemplo, sostiene que a un fisicalismo mínimo le bastaría asumir una identidad fisicalista token-token y una sobreveniencia fisicalista respecto a la ejemplificación de propiedades. De acuerdo a la primera tesis, toda entidad particular y concreta ha de ser una entidad física. De acuerdo a la segunda tesis, la ejemplificación de cualquier propiedad debe sobrevenir a la ejemplificación de propiedades físicas.

2. Un poco de historia

Leibniz parece haber sido el primero en usar el término latino “supervenire” para expresar la idea de que toda supuesta relación está determinada por las propiedades de las mónadas. Pero hay que ir a finales del siglo XIX para encontrar usos más articulados de la noción de sobreveniencia. Emergentistas como Morgan, Pepper o Meehl emplearon el término inglés “supervenience” como sinónimo de emergencia. Cuando los procesos físicos adquieren cierto grado de complejidad, emergen propiedades nuevas que sobrevienen a dichos procesos físicos y constituyen los fenómenos químicos, biológicos, psicológicos, etc. Las discusiones en torno a la noción de sobreveniencia en conexión con el emergentismo han sido analizadas con gran detalle por McLaughlin (1992; 1997; 1999a y 2003).

Más cercanos a nosotros se sitúan los usos de la noción de sobreveniencia vinculados a las teorías del valor, ya sea moral o estético, propuestas por Moore, Hare, Sibley o Levinson. Todos estos autores argumentan que la ejemplificación de propiedades evaluativas depende, de manera no causal ni reductiva, de la ejemplificación de ciertas propiedades no evaluativas. Pero la entrada triunfal de la noción de sobreveniencia en la escena filosófica tiene lugar en filosofía de la mente. Primero, de la mano de Donald Davidson. Y a continuación, gracias a los desarrollos ofrecidos por David Lewis y Jaegwon Kim. La mayoría de las discusiones posteriores han tomado como referencia las propuestas de estos tres autores.

Davidson desarrolla la idea de una sobreveniencia de lo mental en relación a lo físico para complementar su posición conocida como “monismo anómalo”. Los rasgos mentales sobrevendrían a los rasgos físicos al no poder existir dos eventos iguales en todos sus aspectos físicos que difieran en algún aspecto mental o, alternativamente, al no poder ocurrir que un evento pueda ser alterado en algún aspecto mental sin ser alterado en algún aspecto físico. Según Davidson, este tipo de dependencia no implica que exista causación o reducibilidad de los eventos mentales a los físicos a través de leyes o definiciones. Se argumenta esta idea en Davidson (1970; 1985 y 1993), así como en Davidson (1980).

David Lewis es otro autor que ha tenido gran influencia en las discusiones acerca de la sobreveniencia. Plantea el concepto de sobreveniencia en el siguiente sentido:

Sobreveniencia humeana (humean supervenience): «todo lo que existe en el mundo es un vasto mosaico de hechos particulares locales, simplemente una pequeña cosa y luego otra» (Lewis, 1986)

Absolutamente todo lo demás ha de sobrevenir a esos hechos particulares locales. Y las propias relaciones nómicas (leyes, patrones, etc.) también deben sobrevenir a ciertos hechos particulares locales. Las leyes que podemos llamar naturales, leyes para cuya identificación nuestra ciencia es la mejor guía, tienen un papel crucial en nuestra imagen de la realidad. Sin embargo, no hay ninguna necesidad de que esas leyes sean como son aparte de que sobrevienen a los hechos particulares locales que ocurren en la realidad. Véase también Lewis (1983 y 1994), Loewer (1996) y Preyer y Siebelt (2001).

Para Lewis, la realidad más básica que sirve de base a toda sobreveniencia es simplemente «un mosaico de hechos particulares locales» (1986, p. 9). Este es el sentido del adjetivo «humeana». Hay ciertas propiedades intrínsecas ejemplificadas por puntos espacio-temporales. Y las únicas relaciones fundamentales son relaciones espacio-temporales entre esas ejemplificaciones. Todo lo demás ha de sobrevenir a esto.

Irónicamente, un grave problema con esta concepción es su poca plausibilidad debido al rechazo a la localidad que cabe encontrar en la física actual. La defensa de Lewis frente a estos problemas fue siempre una moderación y apertura en sus planteamientos sobre lo que puede ser la realidad más básica. Pero esto debilita mucho su posición.

Acerca de la viabilidad de las relaciones de sobreveniencia para formular un fisicalismo no reductivo, puede consultarse Bekermann, Flohr y Kim (1992), Horgan (1993), Kim (1990; 1998), Liz (2007), O’Hear (2022), Wilson (2005) y Witmer (1999). Sobre las aplicaciones de la noción de sobreveniencia en metafísica, véase Levenberger (2008).

3. Conceptos de sobreveniencia

El autor que más se ha esforzado por analizar en detalle la noción de sobreveniencia es Jaegwon Kim. Veamos con más detalle algunas de sus propuestas.

Consideremos A y B como dos conjuntos de propiedades, por ejemplo: propiedades mentales y propiedades físicas, respectivamente. El concepto de sobreveniencia empleado por Davidson podría quedar formulado así:

  1. Sobreveniencia débil: La indiscernibilidad respecto a B en nuestro mundo implica la indiscernibilidad respecto a A. De manera equivalente, para cualquier x y para cualquier propiedad F de A, si x tiene F, entonces existe una propiedad G en B tal que x tiene G y si cualquier otro y tiene G, entonces ese y también tiene F.

Una sobreveniencia así sería bastante débil. No hay ninguna fuerza modal. Nada impediría que en otros mundos posibles se diera una indiscernibilidad respecto a B con discernibilidad respecto a A. Se discute este concepto débil de sobreveniencia en Kim (1984a), Haugeland (1982) y Moyer (2008). La siguiente reformulación intenta asegurar una mayor fuerza modal:

  1. Sobreveniencia fuerte: La indiscernibilidad respecto a B entraña necesariamente la indiscernibilidad respecto a A. De manera equivalente, para cualquier x y para cualquier propiedad F de A, si x tiene F, entonces existe una propiedad G en B tal que x tiene G y, necesariamente, si cualquier otro y tiene G, entonces también tiene F.

Este concepto de sobreveniencia parece más plausible. Véase Kim (1984a y 1987). Sin embargo, asumiendo que el conjunto B de propiedades está cerrado bajo las operaciones booleanas clásicas, la sobreveniencia fuerte llega a tener consecuencias reductivas.

Es fácil ver cómo se produce este resultado. Supongamos que la propiedad F tenga diferentes propiedades físicas G1, G2 , …, Gn como su base de sobreveniencia en todos los n mundos posibles en los que F puede resultar ejemplificada. Formemos ahora la disyunción lógica de todas esas bases físicas. Estando el conjunto B cerrado bajo las operaciones booleanas clásicas, esta disyunción G1 v G2 v … v Gn será una propiedad física genuina. En consecuencia, será necesariamente verdadero el condicional

Para todo x, (Fx syss G1x v G2x v … v Gnx).

Al menos en principio, la propiedad F sería nomológicamente reducible a algún tipo de propiedad física. Estaríamos ante una ley puente reductiva capaz de dar apoyo a la reducción fisicalista de la propiedad F. Hay abundante literatura sobre este problema. Se discute, por ejemplo, en Bacon (1986; 1990; 1995), Bader (2012), Glanzberg (2001), Hellman y Thompson (1975; 1977), Klagge (1995), Mumford (1994), Oddie y Tichy (1990) y Van Cleve (1990).

Mientras que la sobreveniencia débil es demasiado débil modalmente, la sobreveniencia fuerte parece demasiado fuerte. Este problema ha motivado la búsqueda de otros conceptos de sobreveniencia. Y el concepto de sobreveniencia global ofrece uno de ellos que, además, cuando se trata de propiedades mentales, permite encajar los resultados del externismo.

Siempre que las propiedades de A sean sensibles al contexto o a la historia, podremos intentar afirmar una relación de sobreveniencia como la siguiente:

  1. Sobreveniencia global: Cualesquiera dos mundos indiscernibles respecto a las propiedades B son también indiscernibles respecto a las propiedades A.

La sobreveniencia global evita hablar sobre individuos concretos dentro de un mundo. Véase Kim (1084a; 1987). Además, restringiendo el concepto de mundo, la sobreveniencia global permite conceptualizar la idea de una «sobreveniencia mereológica» como un caso particular. Las propiedades de los todos sobrevendrían a las propiedades de sus partes constituyentes si cualesquiera dos entidades indiscernibles respecto a las propiedades de esas partes fueran también indiscernibles respecto a sus propiedades como todos. Esta alternativa es propuesta también por Bader (2013).

Pero esta manera de entender la sobreveniencia abre la puerta a nuevas perplejidades. Una de ellas tiene que ver con la poca plausibilidad que tendrían posibilidades como la de que dejando de existir un simple átomo en cualquier región remota de nuestro universo, se redistribuyeran de manera extravagante las propiedades mentales que resulten ejemplificadas. Tales posibilidades serían perfectamente compatibles con la existencia de una sobreveniencia global de lo mental sobre lo físico. Se discute esto en K. Bennett (2004a), Paull y Sider (1992), Shagrig (2002), Sider (1999) y Steinberg (2014).

Para evitar extravagancias de este tipo, Kim propone considerar la siguiente matización:

  1. Sobreveniencia global basada en una similaridad: Cualesquiera dos mundos similares respecto a las propiedades B han de ser también similares en relación a las propiedades A.

Este nuevo concepto resulta sugerente. Véase especialmente Kim (1984a; 1987). Pero, ¿cómo entender esa noción de «similaridad respecto a un conjunto de propiedades»? ¿Cómo entenderla cuando los conjuntos de propiedades son tan amplios como «todas las propiedades físicas» y «todas las propiedades mentales»? Supongamos que el sujeto X difiera de Y sólo en una creencia y que, por otro lado, difiera de Z sólo en un deseo. ¿Es X más similar a Y que a Z? Nuestras intuiciones sobre lo que debe contar o no como una similaridad se debilitan enseguida.

Otro problema importante tiene que ver con estar suponiendo que los conjuntos de propiedades A y B se apliquen a las mismas entidades. Las mismas entidades tendrían esas distintas clases de propiedades. Puede que esto sea suponer demasiado en casos como los de las relaciones entre las propiedades mentales y las propiedades físicas. Para evitar este problema, Kim (1984a y 1988) propone el concepto siguiente:

  1. Sobreveniencia para dominios múltiples: Siendo D1 y D2 dos dominios de individuos sobre los que se aplican respectivamente las propiedades de A y de B, <A,D1> sobreviene a <B,D2> syss cualquier distribución completa de B sobre D2 implica una única distribución completa de A sobre D1.

A fin de recoger la idea de que debería haber relaciones de coordinación relevantes entre las entidades capaces de tener, respectivamente, las propiedades de tipo A y de tipo B, (podemos pensar, por ejemplo, en relaciones mereológicas entre las propiedades de los «todos» y las propiedades de sus diversas «partes» respectivas, o en relaciones entre las propiedades de los sujetos psicológicos y las propiedades materiales de sus respectivos cuerpos), Kim sugiere la posibilidad de matizar 5 del siguiente modo:

  1. Sobreveniencia para dominios múltiples coordinados: Sea una relación de coordinación R conectando elementos de D1 con elementos de D2.

6.1. <A,D1> sobreviene débilmente a <B,D2> respecto a R syss, para cualesquiera x e y pertenecientes a D1, necesariamente si sus imágenes R(x) y R(y) son indiscernibles respecto a B, entonces x e y son indiscernibles respecto a A.

6.2. <A,D1> sobreviene fuertemente a <B,D2> respecto a R syss, para cualesquiera x e y pertenecientes a D1, y para cualesquiera mundos W1 y W2, si la imagen R(x) en W1 es indiscernible de la imagen R(y) en W2 respecto a B, entonces x en W1 es indiscernible de y en W2 respecto a A.

La idea importante de esta clase de sobreveniencia es que ha de existir una relación de coordinación entre los diferentes dominios D1 y D2 tal que, de un modo u otro, la indiscernibilidad respecto a las propiedades B implique una indiscernibilidad respecto a las propiedades A, bien en nuestro mundo (6.1) o a través de todo mundo posible (6.2).

Cómo entender la noción de «indiscernibilidad» abre la puerta a importantes discusiones. ¿No bastaría con la noción, más modesta, de «similaridad relevante»? Intuitivamente parece excesivo pedir una completa indiscernibilidad. Sin embargo, ¿cómo caracterizar metafísicamente lo que sea «similaridad relevante»? Como hemos visto más arriba, no se trata de una pregunta fácil.

En cualquier caso, hasta aquí tenemos una gran variedad de conceptos para expresar relaciones de sobreveniencia que cabría llamar “absolutas”, en el sentido de no estar sometidas a ninguna condición. Pero también serían útiles otros conceptos de sobreveniencia más “condicionales”.

Podríamos querer decir, por ejemplo, que las propiedades mentales sobrevienen a propiedades de tipo neurológico en el caso de nuestra especie, y que en otros casos tal vez sobrevengan a otros tipos muy diferentes de propiedades físicas. En este punto, Kim  propone la siguiente condicionalización o parametrización de las afirmaciones de sobreveniencia:

  1. Sobreveniencia paramétrica: A sobreviene de manera débil, fuerte, local, global, etc., pero en un sentido paramétrico, a B syss A sobreviene de manera débil, fuerte, local, global, etc., a B si se dan ciertas condiciones C.

Miremos hacia atrás. Las sobreveniencias fuertes parecen preferibles a las sobreveniencias débiles. Estas últimas son demasiado permisivas. Apenas tienen fuerza modal. Pero asumiendo cierta forma de construir las propiedades físicas, las sobreveniencias fuertes acaban implicando la existencia de leyes puente con capacidad reductiva, sugiriendo el carácter epifenoménico de las propiedades sobrevenientes. Como alternativa, estarían las sobreveniencias globales. De hecho, según hemos indicado, son muy oportunas cuando hay dependencias históricas y contextuales. Pero también son relaciones de sobreveniencia sumamente imprecisas. Además, sorprendentemente, son compatibles con que en un mismo mundo entidades idénticas respecto a las propiedades de B no compartan todas las propiedades de A. Con ello, la ejemplificación de propiedades de A quedaría sin ninguna clara explicación. Se trataría de una ejemplificación que podríamos volver a considerar epifenoménica. Las sobreveniencias globales basadas en una similaridad intentan arreglar este problema. Pero requieren definir con precisión el sentido en el que dos mundos pueden ser relevantemente similares. Y éste es un problema muy difícil de abordar.

Por su parte, las sobreveniencias de dominios múltiples, y de dominios múltiples coordinados, añadirían el problema derivado de la introducción de nuevas clases de entidades. Por ejemplo, los sujetos psicológicos, para la ejemplificación de las propiedades de A, y los cuerpos materiales para la ejemplificación de las propiedades de B. Y esto nos coloca muy cerca del dualismo, o de un inmediato pluralismo si consideramos otras clases de propiedades. De hecho, esta posición era la de Descartes. Descartes mismo podría aceptar tesis muy fuertes acerca de la sobreveniencia de las propiedades mentales sobre las propiedades físicas en tales dominios coordinados.

Todos estos conceptos de sobreveniencia han sido objeto de minuciosos debates. Y a esos conceptos se han ido añadiendo otros nuevos. Véase Liz (2001; 2009), McLaughlin (1995; 1996; 2001), Savellos y Yalcin (1995), Shagrir (2002), Sider (2008) y Teller (1984).

El campo específico de aplicación más importante de la noción de sobreveniencia ha sido la formulación de relaciones de dependencia de lo mental respecto a lo físico. Pero también ha habido otros usos. Se ha utilizado para formular relaciones de dependencia entre propiedades evaluativas y normativas, de tipo ético, estético, epistémico, etc., y alguna clase de propiedades descriptivas (Audi, 1990). También para establecer relaciones de dependencia entre los hechos causales y ciertos hechos no causales (Kim, 1984b), o entre las verdades contrafácticas y las verdades fácticas (Fine, 2012). Y para hacer que las propiedades mereológicas de los todos dependan de las propiedades de sus partes (Bader, 2013; Kim, 1984b), y lo mismo con las propiedades macrofísicas respecto de las propiedades microfísicas (Kim, 1984b; Horgan, 1982). Entre las aplicaciones aún más específicas destacan la sobreveniencia de las acciones colectivas respecto de las acciones individuales (Tuomela, 1989) o la sobreveniencia de propiedades biológicas de las especies a propiedades de los individuos (Weber, 1996).

4. Problemas persistentes

Hay problemas concretos que afectan a versiones particulares del concepto de sobreveniencia. Pero también existen varios problemas genéricos largamente persistentes que merece la pena destacar.

4.1 Compatibilidad con el dualismo

Sorprendentemente el dualismo cartesiano podría admitir una sobreveniencia de lo mental sobre lo físico. Las relaciones pertinentes de ejemplificación y variabilidad podrían ser preservadas. Pero entonces, ¿qué valor puede tener la sobreveniencia a la hora de ofrecer una imagen unificada e integradora de la realidad? En general, teniendo en cuenta la posibilidad de tales compatibilidades, ¿qué valor tiene la idea de una sobreveniencia a la hora de perfilar un fisicalismo, materialismo o naturalismo mínimos? (Kim, 1993a)

Este problema sólo consigue evitarse introduciendo restricciones que directamente impidan reinterpretaciones dualistas. Pero entonces, ¿no sería mejor declarar abiertamente nuestra posición contraria al dualismo?

4.2 Colapso reduccionista

La sobreveniencia debe ser una relación de dependencia lo más fuerte posible, pero no de tipo causal ni reductivo. En esta idea está el germen de una grave tensión. En la medida en que se ponga el énfasis en la dependencia, nuestra posición tenderá al reduccionismo, o incluso al eliminativismo. Y en la medida en que se ponga el énfasis en el rechazo de este tipo de implicaciones, nuestra posición derivará hacia el dualismo, o acaso a un mero epifenomenalismo.

Esta tensión puede ilustrarse con el problema de la exclusión explicativa y causal discutido, entre otros, por Horgan (2007), Kim (1993a; 1994b; 1998; 2005), McLaughlin (1984) y Merricks (1998). Cualquier relación causal macrofísica debería sobrevenir a relaciones causales microfísicas. Pero esto plantea serias dudas acerca de la existencia real de las relaciones causales macrofísicas. Y esas dudas afectan muy especialmente a la causación mental. Si el iniciar una acción sobreviene a ciertas relaciones causales neurológicas, y en última instancia microfísicas, en un sentido fuerte, entonces los efectos de la acción no serán en el fondo más que efectos de esos estados microfísicos que estén en la base de sobreveniencia de las razones que animan la acción. Y la eficacia causal de lo mental será puramente ficticia, un mero epifenómeno.

4.3 Necesidad de explicar la propia sobreveniencia

El fisicalismo no debería admitir nada que no se pudiera explicar en términos fisicalistas. Sin embargo, las relaciones de sobreveniencia parecen algo superpuesto o añadido. Además de la compleja red de relaciones causales o informacionales que dan estructura a la realidad, existirían relaciones de sobreveniencia. Y necesitaríamos saber por qué existen. Este problema es enfatizado por Blackburn (1984; 1985), Jackson (1998) y Wilson (1999).

Terry Horgan ha analizado en profundidad este problema introduciendo el concepto de superduperveniencia (superdupervenience) para referirse a «una sobreveniencia ontológica explicable de manera robusta en términos materialistas aceptables». El problema es que justificar la existencia de este tipo de relaciones de superduperveniencia es algo tan necesario como difícil de conseguir. Véase Horgan (1993) y Wilson (1999; 2005).

4.4 Proliferación de conceptos de sobreveniencia

Hemos visto la gran variedad de posibilidades conceptuales que ofrecen las relaciones de sobreveniencia. Lewis (1986) se quejaba de tal proliferación. Y, desde luego, parece haber demasiadas posibilidades como para considerar que estamos ante algo realmente fundamental y fundamentador. La propuesta de Kim respecto a una sobreveniencia paramétrica da sentido a ese pluralismo. Sin embargo, también frustra el ambicioso proyecto metafísico de partida.

4.5 ¿Sobreveniencia en términos ontológicos, semánticos o epistémicos?

Cuando la sobreveniencia se formula en términos metafísicos, quedan involucradas ciertas relaciones entre las ejemplificaciones de las propiedades pertenecientes a lo que sobreviene y las ejemplificaciones de las propiedades que pertenecen a la base de esa sobreveniencia. Cuando la formulación se lleva a cabo en términos semánticos, se apela a ciertas relaciones entre las verdades acerca de lo que sobreviene y las verdades acerca de la base de la sobreveniencia. Por último, cuando la formulación tiene un carácter epistémico, remite a ciertas relaciones entre la posibilidad de discriminar -o detectar, o afirmar- cambios en lo que sobreviene y la posibilidad de discriminar -o detectar, o afirmar- cambios en la base de la sobreveniencia.

Esta opcionalidad genera un grave problema. Por un lado, tanto las formulaciones semánticas como las formulaciones epistémicas parecen insuficientes para el proyecto metafísico inicial que motivaba la noción de sobreveniencia. Además, constituye una razón de peso para buscar otras formas de obtener imágenes unificadas de la realidad asumibles desde posiciones fisicalistas. De hecho, la literatura filosófica en torno a la sobreveniencia ha disminuido mucho en los últimos años. Véase Fine (2012) y Merricks (1998).

Al buscar lo más básico o fundamental, las discusiones en torno a la noción de sobreveniencia han acabado convirtiendola en algo así como una gran «navaja suiza» (Liz, 2009). Como toda navaja suiza, tenemos en nuestras manos una herramienta conceptual sumamente útil para un gran número de tareas. Tenemos algo de gran valor instrumental a la hora de hacer filosofía, algo que podremos utilizar al articular nuestra reflexión acerca de una gran variedad de temas y problemas. Sin embargo, seguimos estando muy lejos de haber llegado hasta lo más profundo de la realidad. Y también, paradójicamente, al igual que ocurre con esas complejas navajas suizas que va integrando cada vez más y más usos, podría llegar un momento en el que acabáramos cuestionando su misma utilidad.

Manuel Liz Gutiérrez
(Universidad de La Laguna)

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Lecturas recomendadas

Una buena introducción al tema es la compilación de trabajos de Kim (1993a), acompañada de Horgan (1993), McLaughlin, B. (1995) y Teller (1984).

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Cómo citar esta entrada

Liz Gutiérrez, M. (2025): “Sobreveniencia/superveniencia”, Enciclopedia de la Sociedad Española de Filosofía Analítica (URL: http://www.sefaweb.es/sobreveniencia-superveniencia/)