1. Introducción
La ciencia cognitiva es comúnmente caracterizada como ofreciendo explicaciones de lo cognitivo en términos de procesos, estructuras y mecanismos que son públicamente accesibles, repetibles e intersubjetivamente validables . Con este fin se llevan a cabo experimentos conductuales, estudios de neuroimagen, simulaciones computacionales, etc., que permiten cuantificación, replicación y generalización entre sujetos. Sobre la base de esta clase de datos se infieren las regularidades neuronales, computacionales y funcionales que subyacen a lo cognitivo (i.e., la atención, la percepción, el razonamiento, la acción, la motivación, el afecto, el aprendizaje, etc.). La ciencia cognitiva opera desde un punto de vista de tercera persona. Es decir, metodológicamente se adopta la posición de un observador externo al fenómeno, que no posee las idiosincrasias de un observador en particular.
Sin embargo, una buena parte de los explananda de la ciencia cognitiva consisten en, y parcialmente dependen de experiencias vividas desde el punto de vista de la primera persona . Piénsese, por ejemplo, en la percepción visual (e.g., reconocimiento facial) o el sentido de agencia motora. Los rasgos de las experiencias vividas en primera persona deben ser dilucidados. Ahora bien, en la medida que las experiencias vividas subjetivamente no se pueden asimilar a objetos del mundo, y por ende son difícilmente accesibles para un observador externo, ellas no suelen ser abordadas por las maneras de la ciencia cognitiva clásica. De aquí que, en otras disciplinas, las experiencias vividas suelen ser abordadas mediante métodos de primera persona. Aquí la participación activa del sujeto es fundamental en la identificación y descripción de las estructuras de su propia experiencia durante la articulación de sus reportes .
De este modo, existe una tensión entre las explicaciones en tercera persona características de la ciencia cognitiva y la dimensión subjetiva de lo mental. La neurofenomenología es un programa de investigación integrativo dentro de la ciencia cognitiva que ve esta tensión como una oportunidad epistémica. La neurofenomenología tiene por objetivo integrar de manera rigurosa las descripciones en primera persona de la actividad mental, obtenidas mediante reportes fenomenológicos disciplinados, con los datos obtenidos mediante métodos en tercera persona característicos de la neurociencia. Su hipótesis de trabajo es que se pueden establecer relaciones heurísticas de restricción bidireccional entre ambos cuerpos de información. Estas restricciones bidireccionales entre niveles están mediadas por el modelamiento formal en base a sistemas dinámicos, el que permite pasajes generativos entre lo fenomenológico y lo neuronal . Sin embargo, las aproximaciones recientes a la neurofenomenología (la neurofenomenología computacional) construyen pasajes entre ambos niveles mediante el modelamiento formal basado en el procesamiento predictivo , lo que conlleva una serie de ventajas epistémicas–como por ejemplo, hace más explícitos y sistemáticos los vínculos entre los formalismos computacionales, las estructuras de la experiencia que la fenomenología enfatiza y las dinámicas neurofisiológicas .
Actualmente, la neurofenomenología habita los márgenes de la ciencia cognitiva. Como enfatiza Berkovich-Ohana , son relativamente escasos los trabajos experimentales en neurofenomenología publicados a la fecha. En este sentido, la neurofenomenología es en parte todavía un proyecto . En cuanto a su receptividad, la comunidad neurocientífica se ha mostrado algo reticente. Probablemente esto se debe a que la neurofenomenología se ha mantenido dentro de círculos epistémicamente cerrados que emergen a partir del vínculo con la figura de Francisco Varela, lo que ha impactado en su desarrollo. Sin embargo, esta entrada intenta presentar el enfoque neurofenomenológico de un modo más amplio, de manera tal de hacer más patente sus potenciales ventajas explicativas y poder integrativo dentro de las ciencias cognitivas y del estudio de lo mental.
En lo que sigue, discutiré los orígenes de la neurofenomenología (sección 2), profundizaré en su hipótesis de trabajo (sección 3), revisaré algunas de sus dificultades (sección 4) y finalmente presentaré un desarrollo reciente de la neurofenomenología, la neurofenomenología computational, que promete enriquecer su hipótesis de trabajo inicial y ampliar sus vínculos con otros enfoques en ciencia cognitiva (sección 5).
2. Orígenes
En la década de 1990, las técnicas de neuroimagen y mapeo neuronal experimentaron un auge . Esto trajo consigo la reaparición en la discusión filosófica especializada del problema de vincular la experiencia subjetiva con sus correlatos neuronales. Reapareció en la forma del problema duro de la conciencia, y la asociada brecha explicativa. Toscamente, el problema duro de la conciencia consiste en cómo puede hacerse conceptualmente inteligible el carácter fenoménico de la conciencia a partir de procesos físicos en el cerebro . Hay así una brecha explicativa entre el aspecto cualitativo de la experiencia subjetiva y la naturaleza física, no consciente del cerebro . Por lo tanto, se puede resolver el problema duro de la conciencia cerrando la brecha explicativa .
A fines de la década de 1990, el neurocientista F. Varela presenta la idea de la neurofenomenología como una estrategia para resolver el problema duro de la conciencia . No obstante, la discusión filosófica converge en que una aproximación metodológica, como tal, no puede cerrar una brecha de carácter conceptual y así resolver el problema duro de la conciencia . De este modo, la neurofenomenología se entiende mejor como un enfoque integrativo que busca deshacer la brecha entre niveles y clases de procesos en ciencia cognitiva de forma coherente, mediante restricciones bidireccionales entre lo subjetivo y las dinámicas del cerebro.
Es decir, la neurofenomenología busca cerrar una brecha explicativa no de carácter conceptual, sino de carácter científico : la brecha entre las aproximaciones en primera persona a lo mental, en las que los enfoques fenomenológicos ocupan un lugar destacado, y las aproximaciones en tercera persona, particularmente los enfoques al modelamiento formal de la actividad neurofisiológica mediante sistemas dinámicos —los que, a diferencia de la ciencia cognitiva clásica, prescinden de la postulación de representaciones ricas en contenido que son manipuladas conforme a reglas lógicas, al modo de un ordenador digital.
3. Ideas básicas
La neurofenomenología, entonces, integra reportes fenomenológicos en primera persona, modelamiento en base a sistemas dinámicos y neurobiología. A continuación presento estos aspectos de la neurofenomenología y su entrelazamiento mediante restricciones recíprocas.
3.1 La fenomenología y los métodos de primera persona
Las experiencias subjetivas constituyen una dimensión central de la vida mental y del comportamiento inteligente. Por ello, resulta insuficiente que las ciencias cognitivas se enfoquen exclusivamente en mecanismos subpersonales . Antes de establecer correlaciones neuronales o computacionales, es necesario identificar y clasificar las experiencias subjetivas. Esto es evidente en estudios de percepción visual o dolor, donde los sujetos deben describir primero su experiencia para permitir el análisis de los mecanismos subyacentes.
Diversas tradiciones filosóficas han intentado describir la vida mental desde la perspectiva de primera persona. Entre ellas destaca la fenomenología , que la neurofenomenología adopta como herramienta para generar reportes experienciales susceptibles de tratamiento científico.
En términos generales, la metodología fenomenológica husserliana busca describir las estructuras de la experiencia tal como aparecen al sujeto. La neurofenomenología retoma principalmente dos procedimientos metodológicos: la epoché y la reducción fenomenológica, dejando de lado las dimensiones ontológicas y epistemológicas del proyecto husserliano. La epoché consiste en suspender la actitud natural —la aceptación prerreflexiva de la existencia independiente del mundo— para examinar cómo los objetos adquieren significado en la experiencia. La reducción fenomenológica dirige entonces el análisis hacia los rasgos intencionales y estructurales de la experiencia misma .
En neurofenomenología, esta aproximación se operacionaliza mediante metodologías disciplinadas de primera persona destinadas a producir reportes utilizables científicamente . Estas prácticas incluyen entrenamiento atencional y regulación afectiva, permitiendo detectar dinámicas experienciales sutiles, como fluctuaciones atencionales o afectivas. Las descripciones se obtienen y refinan mediante entrevistas fenomenológicas y microfenomenológicas, en las que un entrevistador guía a los participantes para describir episodios concretos evitando interpretaciones teóricas . La relevancia científica de estos reportes depende de su validación intersubjetiva mediante comparaciones entre sujetos orientadas a identificar “invariantes fenoménicas”. En síntesis, la práctica neurofenomenológica incorpora tres pasos: suspensión de la actitud natural, estabilización entrenada de la atención y validación intersubjetiva de los reportes.
Este énfasis metodológico busca superar la oposición entre descripciones subjetivas y análisis objetivos, integrando ambos niveles en un marco experimental común. Así, los datos de primera persona no funcionan como meras ilustraciones introspectivas, sino como restricciones metodológicas para la investigación neurocientífica y cognitiva. El objetivo no es reemplazar la explicación neurobiológica por descripciones fenomenológicas, sino coordinar ambas dimensiones mediante protocolos experimentales capaces de relacionar dinámicas experienciales con patrones neuronales, conductuales o computacionales de manera sistemática y replicable en distintos contextos experimentales y clínicos contemporáneos.
3.2. Modelado cerebral mediante sistemas dinámicos
La investigación neurofenomenológica tiende a alinearse con el enactivismo en ciencia cognitiva . La ciencia cognitiva clásica entiende el comportamiento inteligente como resultado de operaciones algorítmicas sobre representaciones simbólicas de un entorno previamente definido. En cambio, el enactivismo ve el comportamiento adaptativo como emergiendo de la interacción no-lineal y continua entre un organismo y un entorno que se van co-especificando en la interacción organismo-entorno. Así, en el enactivismo no tiene cabida la idea de manipulación de representaciones simbólicas del ambiente. Por lo tanto, desde el punto de vista del modelado formal del comportamiento adaptativo, este se captura mejor mediante las herramientas de modelamiento formal que proporcionan los sistemas dinámicos.
En el modelado cerebral mediante sistemas dinámicos, la actividad cerebral a gran escala debe describirse como la evolución de un sistema complejo a lo largo del tiempo . De este modo, la actividad neuronal puede representarse como una trayectoria en un espacio de estados, un espacio multidimensional cuyas variables describen la condición actual del sistema (e.g., tasas de disparo neuronal). Dentro de este espacio, patrones relativamente estables de actividad —llamados atractores— tienden a emerger, estabilizarse y cambiar a lo largo del tiempo. Estos patrones permiten capturar las dinámicas del comportamiento adaptativo . Es más, en este enfoque, la experiencia suele implicar sincronización transitoria entre poblaciones neuronales distribuidas a gran escala. Esto sugiere que la experiencia corresponde a patrones temporalmente extendidos de actividad neuronal coordinada más que a eventos localizados —así, por ejemplo, la organización temporal de la actividad neuronal puede relacionarse con la estructura temporal de la experiencia .
Aquí, el cerebro no se concibe como un dispositivo pasivo que simplemente registra estímulos entrantes. Más bien, se entiende como un sistema activo que genera y modula continuamente patrones de actividad neuronal a lo largo del tiempo. Los estados cognitivos emergen de la dinámica autoorganizada de esta actividad, la cual interactúa de manera constante con los procesos corporales y el entorno. Desde esta perspectiva, la percepción y la cognición surgen del acoplamiento dinámico entre cerebro, cuerpo y entorno. La experiencia refleja así la regulación y coordinación continuas de la actividad neuronal dentro de este sistema más amplio, en lugar de un simple proceso lineal de entradas y salidas mediadas por la manipulación de representaciones simbólicas.
3.3. Restricciones bidireccionales
La idea clave del enfoque neurofenomenológico es que las descripciones disciplinadas en primera persona proporcionan restricciones sobre la teorización e interpretación de las dinámicas neurofisiológicas, modeladas mediante las herramientas de los sistemas dinámicos. Adicionalmente, estos datos en tercera persona proporcionan restricciones sobre las descripciones disciplinadas en primera persona y las categorías e invariantes fenoménicas que de ellas emergen. Así, los datos y la teorización neurocognitiva que se ha obtenido a partir de descripciones fenomenológicas disciplinadas pueden refinar y sugerir revisiones a la descripción fenomenológica inicial, redireccionando la atención del sujeto a aspectos de su experiencia que no logró capturar originalmente. De este modo, la relación entre ambos niveles es una relación heurística de restricciones bidireccionales .
Por ejemplo, en estudios de percepción visual de profundidad, se registran imágenes de la actividad neuronal (comúnmente mediante EEG) mientras los sujetos proporcionan reportes disciplinados de las fluctuaciones en su experiencia. A partir de estos registros de su actividad neuronal, se obtienen ciertas categorías o invariantes fenoménicas que describen el despliegue de la percepción visual ante un estímulo visual determinado. Por ejemplo, categorías como preparación estable (antes de la aparición del estímulo) o calidad de la percepción (una vez presentado el estímulo, etc.) (ver ). En lugar de tratar las variaciones entre ensayos como mero ruido experimental, estas descripciones en primera persona se utilizan para clasificar distintos estados experienciales y orientar el análisis de los datos neuronales. Esta metodología permite correlacionar patrones experienciales específicos con ensambles neuronales transitorios a gran escala y procesos de sincronización, vinculando así la dinámica temporal de la actividad cerebral con la estructura cambiante de la experiencia consciente. Se asume aquí que los reportes disciplinados en primera persona contienen información epistémicamente rica que escapa a los métodos de tercera persona y puede iluminar patrones de actividad neuronal.
El objetivo de relacionar niveles mediante bucles de restricciones bidireccionales es integrar de forma sistemática la estructura de la experiencia tal como se manifiesta desde la perspectiva fenomenológica con la dinámica temporal de la actividad cerebral a gran escala. En una perspectiva de más largo alcance, se pretende desarrollar descripciones de la experiencia vivida que, capturadas también en tiempo real, alcancen un grado de precisión y detalle suficiente para ser formalizadas y correlacionadas con patrones neurodinámicos específicos del funcionamiento cerebral. Es importante notar que los reportes de primera persona no funcionan como otro tipo de dato que se debe tomar en cuenta a la hora de modelar lo mental, sino que operan al modo de principios analíticos que organizan la investigación y las tareas de modelamiento.
4. Desafíos
La neurofenomenología enfrenta múltiples desafíos epistémicos. Se suele argumentar que la experiencia fenoménica (algo paradigmáticamente de carácter perceptual) está significativamente influenciada en su carácter mismo por procesos y estados cognitivos de nivel relativamente alto . No solo los procesos y estados cognitivos de nivel relativamente alto pueden contribuir al carácter fenoménico de la experiencia, sino que también a sus contenidos. Los reportes verbales, por muy disciplinados que sean, dependen todavía de sistemas cognitivos de nivel superior . Así, no es descartable que los reportes subjetivos estén reflejando preconcepciones y aspectos no-fenoménicos (introducidos en parte durante el entrenamiento) en lugar de invariantes estructurales del dominio fenomenológico (pero, véase, sección 4). Adicionalmente, es cuestionable que los reportes disciplinados puedan capturar la riqueza de la experiencia subjetiva, por ejemplo, se suele argumentar que la experiencia visual contiene más detalle de lo que puede ser reportado . Sin embargo, ninguno de estos argumentos debilita la hipótesis de trabajo de la neurofenomenología de que los reportes subjetivos pueden capturar aspectos de lo mental que se escapan al modelamiento neuronal en tercera persona, y así enriquecer el trabajo de modelamiento (ver también, ).
Otro desafío que enfrenta la neurofenomenología proviene de la heterofenomenología (; para mayor discusión ver ). Según este enfoque, los reportes fenomenológicos no deben tratarse como reflejando aspectos de la estructura de la experiencia, sino más bien como datos acerca de lo que los sujetos creen o dicen sobre su experiencia. De este modo, los informes en primera persona deben interpretarse desde un punto de vista en tercera persona e integrarse al trabajo de modelamiento al modo de datos conductuales. No se debe asumir que los reportes proporcionan principios analíticos que organizan el trabajo de modelamiento ni que constituyen descripciones que reflejan la realidad fenomenológica. Por lo tanto, se cuestiona la estrategia neurofenomenológica de utilizar descripciones disciplinadas en primera persona como restricciones en el modelamiento de la dinámica neural. Los datos obtenidos mediante reportes se deben tratar entonces como datos verbales que deben ser explicados junto con los datos neuronales. Esta crítica desafía la afirmación neurofenomenológica de que los informes fenomenológicamente entrenados pueden desempeñar un papel epistémicamente constitutivo en el estudio científico de la conciencia.
Frente al desafío heterofenomenológico, se suele enfatizar que la neurofenomenología no niega la falibilidad de los reportes subjetivos respecto de la naturaleza de nuestra estructura fenoménica, sino que busca transformar su estatus epistémico mediante entrenamiento y refinamiento metodológico, como lo muestran trabajos empíricos con sujetos entrenados y las técnicas sistemáticas de elicitación de reportes . En el enfoque neurofenomenológico, los reportes subjetivos no resultan de una introspección ingenua, sino que de un análisis disciplinado, y guiado intersubjetivamente, acerca de las estructuras invariantes de la experiencia . Al mismo tiempo, la pretensión de neutralidad metodológica de la heterofenomenología parece insostenible, ya que el diseño experimental y la clasificación de los estados cognitivos presuponen distinciones fenomenológicas y categorizaciones psicológicas, lo que socava la idea de que los métodos en tercera persona puedan, por sí solos, asegurar una explicación adecuada . Desde esta perspectiva, la heterofenomenología enfrenta tanto una limitación explicativa como metodológica: al poner entre paréntesis la experiencia vivida, corre el riesgo de alterar una parte importante de los explananda de la ciencia cognitiva , al tiempo que depende implícitamente de las mismas estructuras en primera persona que pretende neutralizar.
Similarmente, también se ha cuestionado la real ventaja epistémica que la neurofenomenología atribuye a la metodología fenomenológica y a los reportes disciplinados de primera persona . En el trabajo neurofenomenológico se suele sostener que los métodos husserlianos —como la reducción fenomenológica— proporcionan un acceso más riguroso a la estructura de la experiencia que la introspección ordinaria. Sin embargo, como argumenta Bayne , no está claro en qué sentido la metodología fenomenológica se distingue en la práctica real de la introspección cuidadosa, dado que ambas buscan describir aquello de lo que los sujetos son realmente conscientes y ambas pueden llevarse a cabo de manera crítica o acrítica. Además, al examinar estudios neurofenomenológicos concretos, Bayne encuentra poca evidencia de que sus procedimientos difieran significativamente de los informes introspectivos utilizados en la psicología experimental. Aunque el entrenamiento y los protocolos de reporte estructurados pueden mejorar la articulación de la experiencia, esto no demuestra que los métodos fenomenológicos proporcionen un acceso singularmente fiable a la estructura experiencial.
Este es un desafío que resulta exitoso en motivar el desarrollo de mejores herramientas teóricas experimentales para la elicitación de reportes que logren capturar lo fenoménico de mejor manera. No obstante, en este respecto se suele argumentar que la supuesta falta de distintividad entre el reporte neurofenomenológico y el mero reporte introspectivo desaparece una vez que se consideran las prácticas de primera persona como valiéndose de andamiajes metodológicos, como la guía del experimentador y la validación intersubjetiva .
5. Tendencias actuales: Neurofenomenología computacional
La neurofenomenología está experimentando un renacimiento . Interesantemente, un enfoque teórico prominente es lo que se ha dado en llamar neurofenomenología computacional . El concepto parece un oxímoron. La neurofenomenología ha tendido a alinearse con el enactivismo en ciencia cognitiva, enfoque que rechaza la idea computacionalista de que las representaciones simbólicas son el constructo central en ciencia cognitiva. Sin embargo, la neurofenomenología computacional se erige sobre una reciente arquitectura computacional que captura muchas de las inquietudes enactivistas , al tiempo que provee de herramientas de modelamiento formal (en términos bayesianos) que permiten la construcción de pasajes generativos fluidos entre niveles. Esta es la arquitectura computacional del procesamiento predictivo .
La neurofenomenología computacional es un enfoque metodológico que integra el análisis fenomenológico con la modelización computacional con el fin de representar formalmente las estructuras y dinámicas de la experiencia vivida . Para ello, emplea modelos generativos —característicos del procesamiento predictivo— para traducir descripciones fenomenológicas en modelos formales de los procesos inferenciales que podrían dar lugar a esas estructuras experienciales. En este marco, la constitución de la experiencia se interpreta como un proceso de inferencia probabilística mediante el cual un sistema activamente estima las causas de sus estados sensoriales. La fenomenología computacional busca así construir modelos matemáticamente explícitos que capten la dinámica de la experiencia vivida y que, al mismo tiempo, sean compatibles con mecanismos biológicamente plausibles, articulando de este modo una relación sistemática entre descripciones de primera persona y explicaciones de tercera persona en términos de procesos cognitivos y neurales.
Así como la modelación en base a sistemas dinámicos de la neurofenomenología clásica, la neurofenomenología computacional establece puentes formales entre los informes fenomenológicos y los datos neurobiológicos. Sin embargo, a diferencia de la modelación en base a sistemas dinámicos de la neurofenomenología clásica, los modelos generativos bayesianos pueden funcionar como pasajes epistémicamente más ventajosos porque proporcionan un marco matemático neutral que puede interpretarse en dos niveles complementarios: como modelos de los procesos inferenciales que subyacen a la dinámica neural y como descripciones formales de las estructuras de la experiencia vivida. En particular, dentro de la mecánica bayesiana y la inferencia activa, un mismo modelo formal puede describir tanto la dinámica intrínseca de los estados neurales como la dinámica extrínseca de las creencias acerca de las causas de la entrada sensorial. Esta doble interpretabilidad permite que las descripciones fenomenológicas restrinjan la especificación de los modelos generativos, mientras que los datos empíricos sobre la actividad neural restringen sus parámetros y dinámicas —ver Araya y Araya et al. para una aproximación diacrónica a esta doble interpretabilidad. De este modo, la neurofenomenología computacional posibilita una circulación disciplinada entre las descripciones de primera persona y la evidencia neurocientífica de tercera persona, ampliando el alcance explicativo al modelar no sólo los contenidos de la experiencia, sino también los procesos mediante los cuales la experiencia se constituye —el “cómo” de la experiencia, en línea con los anhelos neurofenomenológivos iniciales .
6. Conclusión
La neurofenomenología propone integrar las descripciones disciplinadas de la experiencia en primera persona con el estudio neurocientífico de la actividad cerebral mediante relaciones de restricción bidireccional entre ambos niveles. Aunque enfrenta desafíos metodológicos y conceptuales, este enfoque ofrece un marco prometedor para articular de manera más completa la dimensión subjetiva de lo mental con los modelos científicos de la cognición. Desarrollos recientes, como la neurofenomenología computacional, refuerzan este programa al proporcionar herramientas formales que permiten establecer vínculos más explícitos entre experiencia, dinámica neural y modelamiento computacional.
José M. Araya
Instituto de Filosofía y Ciencias de la Complejidad (IFICC, Chile)
Referencias
Lecturas recomendadas
Fodor, J. A. (1975). The language of thought. Harvard Univ. Pr.
Berkovich-Ohana, A. (2024). Suspending the Embodied Self in Meditation Attenuates Beta Oscillations in the Posterior Medial Cortex. The Journal of Neuroscience, 44(26), e1182232024. https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.1182-23.2024
Varela, F. J., Thompson, E., & Rosch, E. (1993). The embodied mind: Cognitive science and human experience (14. print.). MIT Press.
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Cómo citar esta entrada
Araya, J. M. (2026). Neurofenomenología. Enciclopedia de la Sociedad Española de Filosofía Analítica. http://www.sefaweb.es/neurofenomenología/
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