process. [...] the construction of knowledge [...] requires infrastructure, effort, ingenuity and
validation structures” (Sismondo, 2016, p. 3). La posverdad, que establece que “lo que uno
quiere que sea verdad es verdad” (Wilber, 2017, p. 25), defiende una noción voluntarista de
la verdad, donde el valor de verdad no es algo relevante para mantener una afirmación y
sustentar una creencia Sin embargo, cuando se intenta establecer la veracidad de una
creencia no hay lugar para decisiones individualistas y caprichosas.
Para el relativismo radical, el consenso científico se alcanza por el mismo tipo de
mecanismos que en otras instituciones sociales, es decir, por redes que fabrican los
“hechos” mediante la negociación política, o por otras formas de dominación. Sin embargo,
la noción de verdad que los relativistas están atacando incurre en la falacia del hombre de
paja: la verdad como el “punto de vista de Dios”, que muy pocos filósofos o científicos
defienden ya. Sugerimos que una alternativa a las tesis de los defensores de la posverdad
es la noción de verdad desde el pragmatismo, que, a su vez, sugiere mecanismos para
desarrollar una verdadera democracia epistémica que no implica caer en el relativismo,
como Fuller sostiene. Esto podría parecer controvertido si erróneamente se piensa en la
versión caricaturizada, malentendida y popularizada del pragmatismo, esto es, aquella que
simplemente tiene en cuenta la unión entre la utilidad (en un sentido muy llano) y la verdad.
Sin embargo, ya sea entre los pragmatistas clásicos como John Dewey o los
neopragmatistas (por ejemplo, Philip Kitcher y Susan Haack), la construcción del
conocimiento científico, con todas sus limitaciones, es la mejor manera de alcanzar
verdades fiables y contrastadas, aunque de forma parcial o rectificable.
El pensamiento de Haack a este respecto, sobre todo en lo relativo al concepto de
verdad, sirve a la perfección para mostrar cómo las tesis de relativistas y defensores de la
posverdad hacen referencia a una actividad que se puede denominar como
“pseudoinvestigación”, pero que, sin embargo, no tiene cabida en la “investigación
científica”. Toda investigación —sea esta del tipo que sea— debe tener en el horizonte un
concepto de verdad que actúe de criterio comunitario decisivo para la consecución de
verdades falibles y parciales, y al mismo tiempo lo suficientemente sólidas como para
ajustarse a unos estándares epistémicos en los que la comunidad científica y la humanidad
en su conjunto ha puesto su confianza y ha comprobado su validez.
Otro de los aspectos que se han discutido desde el pragmatismo, tanto clásico como
contemporáneo (Dewey, 1927; Kitcher, 2001), es la necesidad de incorporar en la
deliberación política los mecanismos de discusión y acuerdo que se han desarrollado en la
práctica científica. Para Dewey los ciudadanos deberían apropiarse de los conocimientos
científicos no solo para saber más y mejor, sino también para adquirir ciertos hábitos
mentales, porque el futuro de la democracia está conectado con la difusión de la actitud
científica (Dewey, 1927, p. 176).
References
Dewey, John. 1927. The public and its problems. New York: H. Holt.
Fuller, Steve. 2016. Embrace the inner fox: Post-truth as the STS symmetry principle
universalized. Social Epistemology Review and Reply Collective.
Haack, Susan. 2005. “The Unity of Truth and the Plurality of Truths”. Principia 9 no. 1–2: 87–
109.
Kitcher, Phillip. 2001. Science, democracy and truth. Oxford U.P.
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