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El concepto de verdad

Teorías de la verdad hay muchas y variadas, las hay de corte metafísico/semántico, de corte pragmático, de corte epistémico, etc (véase Nicolás y Frápolli, 2012). Un recorrido por las diversas teorías no es lo que se pretende en esta entrada. El objetivo es ofrecer una caracterización clara de aquellas concepciones de la verdad que han marcado la filosofía del lenguaje del siglo XX.

La práctica totalidad de las teorías de la verdad se reconocen, explícita o implícitamente, en la caracterización de Aristóteles: “Decir de lo que es que no es y de lo que no es que es es falso. Decir de lo que es que es y de lo que no es que no es es verdadero” (Gamma, 7, 27). Es difícil rechazar esta caracterización y, de hecho, ha tenido un éxito extraordinario. Lo curioso es que, siendo tan unánimemente aceptada, sus desarrollos particulares son muy divergentes. Quizá esto nos pueda hacer pensar que la caracterización aristotélica, que es formalmente irreprochable, no tiene mucho contenido.

Para la filosofía del lenguaje, las concepciones de la verdad que han tenido mas efecto son de tres tipos: 1. Las que consideran la verdad como indefinible o primitiva, 2. Las que entienden la verdad como un concepto redundante o superfluo, y 3. Las que analizan la verdad como un caso límite de la noción semántica de satisfacción.

La primera se relaciona con la posición de Frege, la segunda con la de Ramsey y la tercera con la de Tarski. Los tres tipos se engloban a veces bajo la etiqueta general de “minimalismo” o “deflacionismo” acerca de la verdad. Las expresiones “minimalismo” y “deflacionismo” no tienen una definición precisa, pero ambas sugieren que los defensores de las teorías que esas etiquetas cubren rechazan que la definición del concepto de verdad requiera compromisos metafísicos fuertes.

1. La verdad como indefinible: el caso de Frege

Frege es generalmente considerado como el padre de la filosofía del lenguaje contemporánea. En su primera obra, Conceptografía (1879), no hay un tratamiento explícito de la noción de verdad aunque algunos autores han considerado que la barra del juicio, “|—”, que se lee “es un hecho”, representa el papel que él atribuye a la verdad. Esta idea está apoyada por afirmaciones que Frege hace a lo largo de su obra. En “Logic” (1897), un esquema para un libro que no llegó a escribir, Frege incluye una sección que debería desarrollar la idea de que la verdad es primitiva y simple. En este texto y en otros muchos, por ejemplo en “El pensamiento”, Frege compara la verdad con la belleza y en ambos casos afirma que esas nociones no pueden definirse. Para la correcta comprensión de esta afirmación es necesario entender qué es lo que Frege entiende por “definición”, que es un análisis de la noción en nociones más básicas. No hay nociones más básicas que la verdad que pueda ayudar a definirla en sentido estricto. Esto no significa, no obstante que la verdad no pueda caracterizarse desde el punto de vista de la función que desempeña.

En “Mis ideas lógicas básicas” (Frege [1915] 2016b, p. 192) dice: “La palabra “verdadero” parece hacer posible lo imposible, esto es,  consigue que lo que corresponde a la fuerza asertiva aparezca como si contribuyera al pensamiento”. El predicado “es verdadero” indica, que no instaura, el tipo de acto y no aporta un nuevo concepto al pensamiento. Esta afirmación no implica, sin embargo, que el predicado no tenga sentido, sino que “tiene sentido pero éste no contribuye al sentido de la oración en la que figura” (loc. cit.).

Esta idea se retoma en “Sobre sentido y referencia” (Frege [1892] 2016a). En la semántica de Frege, el sentido de una oración declarativa es un pensamiento y su significado es un valor de verdad, esto es, lo verdadero o lo falso. En una adscripción de verdad como “El pensamiento de que 5 es un número primo es verdadero” el pensamiento expresado y el valor de verdad no están en la relación de sujeto y predicado, sino en la relación que se establece entre el sentido y el significado. El predicado “es verdadero”, al igual que ocurría con “es un hecho” en la Conceptografía, no es un predicado genuino y no aporta ningún componente nuevo al pensamiento expresado, que aparece concentrado en el sujeto gramatical de la adscripción de verdad, “El pensamiento de que 5 es un número primo”.

En “El pensamiento” (Frege [1918-9] 2016c), una de las Investigaciones Lógicas que escribió hacia el final de su vida, explica de manera más detallada la relación de la verdad con la lógica. La noción de verdad no es definible en términos más básicos pero el significado de “es verdadero” se despliega en las leyes de la verdad (Frege [1918-9] 2016c, p. 322). Y de las leyes de la verdad se siguen prescripciones acerca de ciertos actos de habla como inferir, juzgar, pensar. Frege insiste en que la verdad no se dice de nada material y en que no representa ninguna propiedad sensible. Con una terminología contemporánea, diríamos que la verdad no es un predicado de primer orden.

Hay en Frege otra utilización de la verdad que la identifica con el significado de algunas oraciones declarativas. Ciertas oraciones declarativas refieren a un objeto especial, lo Verdadero, y otras a su alternativo, lo Falso. No hay que olvidar, sin embargo, que en Frege “objeto” es una noción técnica, al igual que lo es su contrapartida lingüística “nombre”. Las oraciones declarativas son expresiones “saturadas”, esto es, sin huecos, completas. Las expresiones saturadas son técnicamente, para Frege, nombres y refieren a objetos. En el caso de las oraciones entendidas como nombres, los objetos correspondientes son lo Verdadero o lo Falso. No hay nada más misterioso en este punto.

2. La redundancia semántica de la verdad y el papel de las prooraciones

Otra manera de entender la indefinibilidad de la verdad ha sido considerar la noción como prescindible en algún sentido. En la interpretación habitual, Ramsey representa esta segunda opción.

Ramsey despliega su definición de la verdad en “Hechos y proposiciones” (Ramsey, [1927] 2005) y en “La naturaleza de la verdad” (Ramsey, [1929] 2012). Su propuesta de definición es similar a la que posteriormente desarrollará Tarski, aunque con una diferencia crucial en el asunto de los portadores. Para Ramsey, al igual que para Frege y en contraste con Tarski, los portadores de la verdad, esto es, las entidades de las que decimos que son verdaderas o falsas, son lo que Frege llama “pensamientos” y Ramsey “proposiciones” o “referencias proposicionales”. Los portadores no son pues entidades lingüísticas de ningún tipo, sino la información que esas entidades ayudan a trasmitir o lo que se dice mediante su uso.

Es habitual considerar la concepción de la verdad de Ramsey como una teoría de la redundancia. No obstante, para entender cuál es la propuesta de Ramsey es necesario analizar qué se quiere decir con redundancia. Ramsey explícitamente rechaza la idea de que la noción de verdad sea superflua o que pueda eliminarse sin pérdida de poder explicativo. La noción de verdad es imprescindible en la construcción de variables proposicionales complejas, pro-oraciones, que permiten la referencia anafórica a proposiciones y también la generalización proposicional. Hay usos de la verdad que son superfluos, sin duda, pero no todos lo son. En “Hechos y proposiciones” ([1927] 2005), Ramsey explica que las proposiciones de las que decimos que son verdaderas pueden expresarse de manera explícita o pueden simplemente describirse. Un ejemplo del primer caso es “Es verdad que César fue asesinado”, un ejemplo del segundo caso es “Él siempre dice la verdad”. Cuando la proposición a la que atribuimos la verdad es explícita, el término “verdad” es redundante, ya que “Es verdad que César fue asesinado” no dice nada más que que César fue asesinado. Cuando la proposición está descrita pero no representada explícitamente, la verdad no puede eliminarse ([1927] 2005, p. 205). La función que la noción de verdad realiza en los lenguajes naturales es equivalente a la que realizan las variables proposicionales y el cuantificador universal que las liga en algunos lenguajes artificiales. En un lenguaje que contuviera esos recursos, “Él siempre dice la verdad” se definiría como “Para todo p, si él dice que p, p”. La verdad se define así en el contexto de la adscripción de verdad completa. Ramsey se adelanta a varias objeciones que podrían hacerse de su posición. La primera tiene que ver con la gramaticalidad de la definición: “Para todo p, si él dice que p, p”. Adelanta que alguien puede pensar que esta oración semi-formal no está bien formada ya que la segunda instancia de la variable p no puede estar en esa cláusula sola, sino que necesita un verbo que sería “es verdadero”. De esto modo, para restaurar la gramaticalidad de la definición habría que incluir la noción que estaríamos definiendo con lo que la definición se convertiría en circular. La respuesta de Ramsey es muy iluminadora ya que incide en una tesis que ha marcado la filosofía del lenguaje y de la lógica del siglo xx y que, sin embargo, carece de toda justificación: la tesis de que todas las variables son nominales. Ramsey argumenta que quienes lanzaran esta crítica contra su definición estarían olvidando que “p” es una variable proposicional, que está en lugar de una oración, que por su misma naturaleza ya tiene un verbo ([1929] 2012, p. 299).

Otra dificultad que Ramsey supone que su teoría tendrá que enfrentar es su consideración como teoría de la correspondencia. Él no rechaza esa etiqueta y explícitamente afirma que su inspiración es Aristóteles siempre que se tenga en cuenta que su teoría no necesita ningún tratamiento especial de la noción de hecho ni de la relación de correspondencia entre hechos y otras instancias ([1927] 2005, pp. 205-206).

La etiqueta que mejor describe la posición de Ramsey acerca de la verdad es la de “Teoría Pro-oracional” (MacBride et al. 2020). Ramsey explícitamente usa el término “pro-oración” en su caracterización de la verdad ([1929] 2012, p. 300). La idea central de una teoría pro-oracional consiste en entender las adscripciones de verdad, esto es, las oraciones en las que atribuimos verdad a una proposición, como variables de un cierto tipo. Las variables de los lenguajes formales son la contrapartida de las proformas de los lenguajes naturales. El tipo más conocido de proforma lo constituyen los pronombres, pero en los lenguajes naturales hay proformas de tipo adjetivo, adverbial y oracional. A estas últimas las llamamos “pro-oraciones”. Las adscripciones de verdad son un tipo de pro-oración. Del mismo modos que “ella” puede referir a cualquier persona o animal de género femenino, “lo que ella dijo” puede referir a cualquier proposición. El predicado “es verdadero” convierte pro-formas que gramaticalmente son términos singulares, como “lo que ella dijo”, en pro-formas de tipo oracional, como “lo que ella dijo es verdad”. En este sentido, la verdad no añade contenido nuevo a la proforma “lo que ella dijo” sino que realiza una función gramatical, convertir términos singulares de un cierto tipo en oraciones de un cierto tipo. Si a esto le queremos llamar redundancia, no hay objeción. No obstante, es pertinente ver cómo lo explica Ramsey mismo: “Como afirmamos haber definido la verdad, debemos ser capaces de sustituir nuestra definición por la palabra ‘verdadero’ dondequiera que ocurra. Pero la dificultad que hemos mencionado vuelve esto imposible en el lenguaje corriente que trata lo que realmente deberíamos llamar pro-oraciones como si fueran pro-nombres. Las únicas pro-oraciones admitidas en el lenguaje corriente son ‘sí’ y ‘no’, que consideramos que expresan ellas mismas un sentido completo, mientras que ‘eso’ y ‘lo’ incluso cuando funcionan como abreviaturas de oraciones siempre requieren ser complementadas por un verbo: este verbo es a menudo ‘es verdadero’ y esta peculiaridad del lenguaje da lugar a problemas artificiales como el de naturaleza de la verdad, que desaparecen de una vez cuando se expresan en simbolismo lógico, en el que podemos verter ‘lo que él creía es verdadero’ por ‘si p era lo que él creía, p’” (loc. cit.).

3. La teoría semántica de la verdad de Tarski

La teoría de la verdad que más influencia ha tenido en la filosofía del lenguaje del siglo xx ha sido la teoría semántica de A. Tarski, propuesta en sus artículos del 1935 y 1944. Esta teoría, que reivindica la caracterización Aristóteles explícitamente (por ejemplo, Tarski [1944] 2012, p. 61), se ha considerado por muchos como la primera definición correcta de la noción de verdad, así como el origen de la semántica como teoría científicamente defendible. El efecto del análisis tarskiano es innegable, aunque es debatible si ese efecto ha sido siempre positivo.

Tarski llama a su teoría “semántica” porque en su definición se usa un concepto inequívocamente semántico como el de satisfacción. Para Tarski, la verdad es una propiedad de oraciones, esto es, son las oraciones los portadores de verdad. Antes de ofrecer su definición, Tarski explica cual es su objetivo y algunas propiedades de su teoría. En primer lugar, la teoría se propone definir la noción corriente de verdad, no una noción diferente y técnica. Por esta razón establece un criterio de adecuación material que permita a todos comprobar la corrección de su propuesta. Si su propuesta es correcta, debería implicar las equivalencias del tipo:

La oración “la nieve es blanca” es verdadera si, y sólo si, la nieve es blanca.

Este criterio se generaliza evitando hablar de oraciones concretas. Sea p una oración declarativa cualquiera en un lenguaje determinado y X un nombre de esta oración. La comillas pueden usarse para construir nombres de oraciones, pero hay otros métodos, como la descripción estructural en la que indicamos qué letras componen la oración usando su orden alfabético. El método que se use no es importante, lo importante es que tengamos oraciones y sus nombres. Consideremos ahora la siguiente equivalencia (V),

(V) X es verdadera si, y sólo si, p.

El criterio de adecuación material de cualquier definición de la verdad que se proponga es que debe implicar todas las instancias de (V).

Los conceptos semánticos han dado históricamente algunos problemas en forma de antinomias o paradojas. La mas famosa de esas paradojas es la paradoja del mentiroso, cuya versión más simple es “esta oración es falsa”. Una oración es verdadera si podemos afirmar lo que dice, y falsa en caso contrario. Con “esta oración es falsa” se produce una situación curiosa. Si la oración es verdadera, podemos asumir lo que dice, esto es, que es falsa. Y si es falsa, podemos asumir lo contrario de lo que dice, esto es que no es falsa. Así la paradoja nos enfrenta a la situación de que una oración castellana gramaticalmente correcta es verdadera si, y solo es falsa. Esto es contradictorio. Tarski ofrece una derivación semi-formal de la paradoja e identifica dos asunciones en las que se basa como posibles fuentes de la dificultad. La primera de las asunciones es que las reglas de la lógica clásica son correctas. La segunda asunción es una característica de los lenguajes naturales, su universalidad. La universalidad de los lenguajes naturales consiste en la propiedad que tienen de que en ellos se puede expresar cualquier cosa. En concreto, los lenguajes naturales incluyen no solo expresiones, sino también nombres para estas expresiones y para sus propiedades semánticas. Dentro del mismo lenguaje, se puede hablar de la verdad de ciertas oraciones, del significado de las mismas, de la definición de sus términos, etc. La universalidad de los lenguajes naturales los hace semánticamente cerrados y esto, junto con las reglas de la lógica, produce paradojas. La opción de rechazar las reglas de la lógica es muy costosa, así que Tarski rechaza la universalidad como característica deseable de un lenguaje lógicamente adecuado.

En este punto, Tarski introduce un segundo criterio de corrección de una definición de verdad: la estructura específica de los lenguajes para los que se defina la noción. La verdad solo puede definirse con garantías en lenguajes semánticamente abiertos, esto es, en lenguajes en los que la descripción y las propiedades de las expresiones no puedan realizarse dentro del mismo lenguaje. De esta idea surge la distinción entre lenguaje objeto y metalenguaje. El lenguaje objeto es el lenguaje en el que hablamos, el metalenguaje es el lenguaje que usamos para hablar del lenguaje en el que hablamos. Esta distinción no es absoluta. Puedo usar el inglés para hablar del español o al contrario. Tarski, no obstante, no está hablando de lenguajes naturales sino de cierto tipo de lenguajes formales propios de la lógica.

Estos son los dos criterios. Veamos ahora cuál es la definición. La verdad es un caso límite de la satisfacción. La satisfacción es una relación que se establece entre objetos o hileras de objetos cualesquiera y ciertas entidades lingüísticas a las que llamamos funciones oracionales. Una función oracional es el resultado de sustituir uno o mas términos es una oración declarativa por variables. De la oración “Victoria es mas alta que Joan” se pueden obtener las funciones oracionales “x es mas alta que Joan”, “Victoria es mas alta que y” y “x es mas alta que y”. Una manera natural de explicar qué significa que Joan satisface “Victoria es más alta que y” sería decir que el objeto Joan satisface la función porque la sustitución de la variable por “Joan” da como resultado una oración verdadera. Naturalmente, este explicación haría que la definición de verdad fuera circular. La opción de Tarski es definir recursivamente la verdad para funciones oracionales complejas, esto es, aquellas que involucran constantes lógicas, y estipular qué objetos satisfacen las funciones simples. En el caso de las complejas, por ejemplo, “x es P o x e Q”, diríamos que el objeto o la satisface si satisface “x es P” o satisface “x es Q”. Una vez hecho esto, Tarski considera que el método puede extenderse al caso límite de funciones oracionales que no tengan variables libres, esto es, a oraciones declarativas. Para estos casos, vemos que la oración será satisfecha por todos los objetos o por ninguno. En el primer caso, decimos que la oración es verdadera, en el segundo que es falsa. Despojada de todo el aparato técnico, la definición de verdad dice simplemente que la oración p es verdadera si, y solo si p, y falsa si no-p. El recurso a la satisfacción no añade gran cosa a nuestra intuición primera.

La teoría de Tarski se ha considerado a veces como una especificación de la concepción correspondentista de la verdad. Es razonable entenderlo así porque la definición de satisfacción requiere la presencia de objetos y de entidades lingüísticas que de algún modo encajen. No obstante, Tarski rechaza que su definición pueda servir para mediar entre distintas teorías filosóficas o que aclare en algo el supuesto problema filosófico de la verdad. De hecho, entendida su concepción como una manera de especificar el significado de la noción semántica para ciertos lenguajes formales, la teoría semántica es neutral respecto de las diversas concepciones filosóficas. Otra cuestión sería que quisiéramos aplicar esta teoría a la noción de verdad en los lenguajes naturales. En este caso, la designación de las oraciones como los portadores de verdad y, como consecuencia de ello, la afirmación de la que noción de verdad produce paradojas como la del mentiroso serían cuestiones debatibles.

María José Frápolli Sanz
(Universidad de Granada)

Referencias

  • Frápolli, M. J. (2013): The Nature of Truth. An Updated Approach to the Meaning of Truth Ascriptions, Nueva York, Springer Science & Business Media.
  • Frege, G. ([1892] 2016a): «Sobre sentido y referencia», en Margarita M. Valdés, comp., Escritos sobre lógica, semántica y filosofía de las matemáticas, México, UNAM-Instituto de Investigaciones Filosóficas, pp. 249-275. [Frege, G. (1984), “On Sense and Meaning”, en Brian McGuinness, ed., Collected Papers on Mathematics, Logic, and Philosophy,  Oxford, Basil Blackwell, pp. 157- 177].
  • Frege, G. ([1915] 2016b): «Mis ideas lógicas básicas», en Margarita M. Valdés, comp., Escritos sobre lógica, semántica y filosofía de las matemáticas, México, UNAM-Instituto de Investigaciones Filosóficas, pp. 191-193. [Frege, G. (1979): “My Basic Logical Insights”, en Hans Hermes, Friedrich Kambarte y Friedrich Kaulbach, eds., Posthumous Writings, Oxford, Basil Blackwell, pp. 251-252].
  • Frege, G. ([1918-9] 2016c): «El pensamiento. Una investigación lógica», en Margarita M. Valdés, comp., Escritos sobre lógica, semántica y filosofía de las matemáticas, México, UNAM-Instituto de Investigaciones Filosóficas, pp. 321-348. [Frege, G. (1984): «Thoughts», en Brian McGuinness, ed., Collected Papers on Mathematics, Logic, and Philosophy, Oxford, Basil Blackwell, pp. 351- 372].
  • MacBride, Fraser, Mathieu Marion, María José Frápolli, Dorothy Edgington, Edward Elliott, Sebastian Lutz, and Jeffrey Paris  (2020): «Frank Ramsey», en The Stanford Encyclopedia of Philosophy, E. N. Zalta, ed., disponible en  <https://plato.stanford.edu/archives/sum2020/entries/ramsey/>[Summer 2020 Edition].
  • Ramsey, F. P. ([1927] 2005): “Hechos y proposiciones”, en M. J. Frápolli, ed., Frank Ramsey, obra filosófica completa,Granada, Comares, pp. 199-219.[ Ramsey, F,P. ([1927] 1990): “Facts and Propositions”, en Mellor, D.H., ed., F. P. Ramsey Philosophical Papers, Cambridge, Cambridge University Press, pp. 34-51.]
  • Ramsey, F. P. ([1929] 2012): “La naturaleza de la verdad”, en Nicolás y Frápolli, eds., Teorías contemporaneas de la verdad, Madrid, Tecnos, pp. 293-306].[ Ramsey, F.P. ([1921]1991):“The Nature of Truth”, en Rescher, N. and U. Majer, eds.,  On Truth. Original Manuscript Materials (1927-1929) from the Ramsey Collection at the University of Pittsburgh, Dordrech, Kluwer Academic Publishers, pp. 6-24.][Ramsey, F.P. (1990): Philosophical Papers, ed. por D.H.Mellor, Cambridge, Cambridge University Press].
  • Tarski, A. (1935): “Der Wahrheitsbegriff in den formalisierten Sprachen”, Studia Philosophica, I, pp. 261-415. [Tarski, A. (1956): Logic, Semantics, Metamathematics. Papers from 1923 to 1938,Oxford].
  • Tarski, A. ([1944]2012): “La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica”, en Nicolás y Frápolli, eds., Teorías contemporáneas de la verdad, Madrid, Tecnos, pp. 57-98].[Tarski, A. (1944):“The semantic conception of truth and the foundations of semantics”, Philosophy and Phenomenological Research, 4(3), pp. 341-375]. http://www.jstor.org/stable/2102968
Cómo citar esta entrada

Frápolli, María José (2018): «El concepto de verdad», Enciclopedia de la Sociedad Española de Filosofía Analítica (URL: http://www.sefaweb.es/el-concepto-de-verdad/).

Predicados de gusto personal

1. Introducción

Los “predicados de gusto personal” (Lasersohn, 2005, p. 644), predicados como “rico”, “deliciosa”, “divertido”, “graciosa”, “atractivo”, “pintoresco” o “extraña”, son aquellos predicados que permiten a las hablantes manifestar sus preferencias de gusto, ya sea este culinario, humorístico o de otro tipo. Los predicados de gusto personal, o “predicados de gusto”, para acortar, además de permitir que los hablantes manifiesten sus preferencias, sirven para expresar actitudes de aprobación o desaprobación respecto a ciertos objetos, como un plato, una película o un chiste. Si, por ejemplo, digo ‘El aguacate es delicioso’, estoy indicando a quienes me escuchan algo acerca de mi estándar de gusto culinario y, al mismo tiempo, estoy expresando mi aprobación hacia ese alimento.

2. Perspectivas o estándares de gusto

El significado de los predicados de gusto personal ha sido uno de los temas más controvertidos y debatidos en la filosofía del lenguaje de la última década. Uno de los problemas más recurrentes e importantes ha sido el de cómo determinar las condiciones de verdad de las proposiciones que incluyen entre sus componentes predicados de gusto. Distintas teorías han propuesto distintas explicaciones, pero todas ellas han girado en torno a un tema común: cuál es el papel que juegan las perspectivas o estándares de gusto de los hablantes a la hora de determinar las condiciones de verdad de las proposiciones que incluyen predicados de gusto. El que la lasaña sea deliciosa o el que las películas de los Monty Python sean graciosas dependerá, en algún sentido, de las perspectivas de los hablantes que usan los términos “deliciosa” o “divertidas”. Qué tipo de contribución hagan las perspectivas o estándares de gusto de los hablantes será aquello que diferencie a unas teorías de otras. En la bibliografía especializada podemos encontrar, al menos, cuatro teorías claramente delimitadas:

A. Para el objetivismo (para una caracterización específica de esta postura ver Chrisman, 2007, p. 225; Baker, 2012, p. 110, nota 7; MacFarlane, 2014, p. 2) la perspectiva o estándar de gusto del experimentador o experimentadora es irrelevante a la hora de determinar si algo es delicioso o si algo es gracioso o divertido. Si alguien dice “Los caballeros de la mesa cuadrada es una película divertidísima”, la verdad de la proposición expresada por la oración no dependerá de que sea divertida para la persona que profiere dicha oración. Las proposiciones expresadas por proferencias que involucran predicados de gusto serán verdaderas en el caso de que el hablante denote una propiedad objetiva, por ejemplo la propiedad de ser divertido o la de ser delicioso.

B. Para el contextualismo deíctico (Glanzberg, 2007; Stephenson, 2007; López de Sa, 2008, 2015; Schaffer, 2011) la contexto-dependencia de los predicados de gusto no es distinta de la contexto-dependencia de expresiones deícticas típicas como «yo», «él» o «aquí». Según el contextualismo deíctico, un predicado de gusto contiene en su forma lógica un hueco de argumento para una perspectiva o estándar de gusto. Aunque “divertido” o “delicioso” puedan parecer predicados monádicos en su forma gramatical superficial, “(ese chiste)ES GRACIOSO” o “(el aguacate)ES DELICIOSO”, son en realidad predicados diádicos, con huecos de argumento para una perspectiva o estándar de gusto además de para un objeto. Es decir, “(ese chiste)ES GRACIOSO(para Eva)” o “(el aguacate)ES DELICIOSO(para Isabel)”, siendo posible que la perspectiva o estándar de gusto no sea la de un individuo sino la de un grupo que incluya al experimentador o experimentadora. Otro modo de caracterizar esto sería decir que las perspectivas o estándares de gusto son constituyentes de las proposiciones y, como tales, juegan un papel semántico en la determinación del contenido de las proposiciones que incluyan entre sus elementos predicado de gusto.

C. Para el contextualismo no deíctico (Kölbel, 2003, 2009; Lassesohn, 2005) la perspectiva o estándar de gusto no es un componente de la proposición expresada, sino que forma parte de las circunstancias de evaluación. Es decir, las proposiciones que incluyen predicados de gusto no son verdaderas o falsas a secas, sino solo en relación con una perspectiva o estándar de gusto. El punto de partida de estas autoras y autores es la teoría de doble índice kaplaniana (Kaplan, 1979). Kaplan distingue carácter y contenido, es decir, entre funciones de contextos a contenidos, por un lado, y funciones de circunstancias de evaluación a valores de verdad, por otro. Para él, en las circunstancias de evaluación solo figuran dos parámetros –mundo y tiempo–. Los autores y autoras que defienden el contextualismo no deíctico siguen a Kaplan pero se apartan de él al incluir entre los parámetros de las circunstancias de evaluación no solo el mundo y el tiempo, sino también las perspectivas o estándares de gusto, ya que estas, al igual que el mundo y el tiempo, son necesarias para evaluar el valor de verdad de aquellas proposiciones que incluyan entre sus componentes predicados de gusto. De hecho, el estudio de los predicados de gusto fue una de las principales motivaciones para romper con la ortodoxia kaplaniana e incluir parámetros extra en las circunstancias de evaluación (Kölbel, 2003, pp. 71-72; Laserson, 2005pp. 663)

D. Para el relativismo (MacFarlane, 2007, 2014; Richard, 2008), las proposiciones que incluyen predicados de gusto personal no son verdaderas o falsas simpliciter a secas, sino solo en relación a unas circunstancias de evaluación. Sin embargo, a diferencia del contextualista no deíctico, para el relativista la perspectiva o estándar de gusto no se recupera del contexto de uso sino del contexto de valoración. Es decir, la perspectiva o estándar de gusto relevante para determinar el valor de verdad de una proposición que incluya predicados de gusto no será la perspectiva del hablante, o de algún otro agente o grupo relevante en el contexto en el que la proposición es expresada, sino que será la perspectiva o estándar de gusto de la persona que evalúe la cuestión.

3. Desacuerdo sin falta

El desacuerdo sin falta ha sido otro problema central en el debate sobre el significado de los predicados de gusto personal. Específicamente, se llama desacuerdo sin falta a situaciones como las representadas en la siguiente conversación:

(1) David: El aguacate es delicioso.

(2) Alberto: Eso es falso, el aguacate no es delicioso.

Por un lado, podemos considerar que el intercambio entre David y Alberto es un desacuerdo, ya que Alberto niega en (2), usando un marcador explícito de desacuerdo como ‘Eso es falso’, lo que David afirma en (1). Sin embargo, suponiendo que ambos han probado el aguacate unas cuantas veces, es decir, suponiendo que ambos tienen conocimiento de primera mano del objeto en cuestión, ¿qué razones habría para considerar que David en (1) o Alberto en (2) han errado al decir lo que han dicho? Por estas razones, la situación representada en (1)-(2) suele describirse como un desacuerdo sin falta, es decir, como un desacuerdo donde se afirman cosas conjuntamente incompatibles, pero donde no puede decirse de ninguna de las partes que haya cometido un error. Esto nos deja en una situación complicada, ya que tenemos dos intuiciones individualmente consistentes pero conjuntamente contradictorias. Algunas de las teorías antes comentadas han surgido como un intento de explicar este fenómeno.

A. Para el objetivismo es imposible que existan desacuerdos sin falta. Siempre que haya un desacuerdo sobre cuestiones de gusto, una de las partes (o las dos) estará equivocada, aquella que no denote mediante su proferencia la propiedad objetiva de, por ejemplo, ser deliciosa o ser divertido.

B. El contextualismo deíctico parece tener problemas para dar cuenta del desacuerdo sin falta. Al defender que los estándares son parte de la proposición expresada, dos hablantes que dicen respectivamente ‘El aguacate es delicioso’ y ‘El aguacate no es delicioso’, expresarán distintas proposiciones y, por lo tanto, no se podrá decir que están en desacuerdo ya que los contenidos de sus proferencias serán compatibles. Este problema se conoce como problema del desacuerdo perdido (MacFarlane, 2007, pp. 18-19; MacFarlane, 2014, p. 118). Algunos autores han intentado dar cuenta de este problema desarrollando teorías específicamente diseñadas para ello. Por ejemplo, Schaffer (2011) argumenta que el contextualismo deíctico puede dar cuenta de los supuestos casos de desacuerdo sin falta. Con una debida contextualización de los casos que suelen ofrecerse en la literatura, y suponiendo posibles desarrollos de los mismos, la intuición de que ninguna de las partes implicadas en el desacuerdo está equivocada parece desaparecer (Schaffer, 2011, pp. 211-212). El relativismo contextualista deíctico presuposicional (López de Sa, 2008, 2015) es otra de estas teorías.

C. El contextualismo no deíctico sí puede explicar las intuiciones asociadas con el desacuerdo sin falta. Ya que la perspectiva o estándar de gusto no forma parte de la proposición expresada, sendas proferencias de “El aguacate es delicioso” y “El aguacate no es delicioso” expresarán el mismo contenido, en un caso afirmado y en el otro negado, lo que explica su carácter contradictorio. Por otro lado, no podrá decirse de ninguno de ellos que ha cometido un error, ya que la perspectiva o estándar de gusto relevante para determinar el valor de verdad de las proposiciones expresadas por sus proferencias será el estándar de cada hablante y, en este sentido, ambas pueden ser verdaderas.

D. El relativismo también puede dar cuenta del desacuerdo sin falta. Las razones son las mismas que en el caso del contextualismo no deíctico, es decir, existe un mismo contenido pero se evalúa respecto a distintos estándares de gusto. La única salvedad es que en el caso el estándar relevante lo suministra el contexto de valoración y no el contexto de uso.

4. Expresar un estado mental versus informar sobre un estado mental

Las proposiciones que incluyen predicados de gusto permiten a las hablantes expresar sus preferencias de gusto, así como ciertas actitudes respecto a ciertos objetos. Es decir, permiten a los hablantes expresar ciertos estados mentales, usualmente actitudes de aprobación o desaprobación. Las expresiones que permiten expresar estados mentales no deben confundirse con otro tipo de expresiones, aquellas que permiten a los hablantes informar de cuáles son sus estados mentales. A veces se ha sugerido (ver Baker, 2012, p. 109) que el hecho de que un hablante pueda pasar de decir “El aguacate es delicioso” a decir “Me gusta el aguacate” o “El aguacate me parece delicioso” es una razón que apoya una interpretación contextualista deíctica de los predicados de gusto. Es decir, el hecho de que a veces las hablantes usen un tipo de expresión y luego la otra, por ejemplo cuando alguien manifiesta su oposición, es prueba de que los predicados de gusto esconden en su forma lógica huecos de argumento para perspectivas o estándares de gusto. Sin embargo, la plausiblidad de esta idea depende de que ambas expresiones –“El aguacate es delicioso” y “El aguacate me parece delicioso” o “Me gusta el aguacate”– sean equivalentes. Sin embargo, esto no es así ya que ambas oraciones tienen características distintas. Primero, se comportan de manera distinta en contextos modales, contextos que incluyen expresiones como “posiblemente” o “necesariamente”. Considera los siguientes pares de oraciones:

(3) Si el aguacate no me pareciera delicioso, entonces no sería verdad que el aguacate me parece delicioso.

(4)  Si el aguacate no me pareciera delicioso, entonces no sería verdad que el aguacate es delicioso.

(5) Si no me gustara el aguacate, entonces no sería verdad que el aguacate me gusta.

(6) Si no me gustara el aguacate, entonces no sería verdad que el aguacate es delicioso.

Como puede observarse, tanto (3) como (5) son necesariamente verdaderas. Sin embargo, (4) y (6) son falsas. Para que fueran verdaderas deberíamos suponer que el aguacate es delicioso por el mero hecho de que yo considero que lo es, algo que parece intuitivamente falso.

La segunda diferencia entre ambos tipos de expresiones tiene que ver con el impacto que tiene el usar una u otra en un potencial desacuerdo. Considera el siguiente par de oraciones:

(7) A: El aguacate es delicioso.

(8) B: Eso es falso, el aguacate no es delicioso.

(9) A: Me gusta el aguacate.

(10) B: Eso es falso, no me gusta el aguacate.

Como puede observarse, la primera situación, (7)-(8), produce una fuerte impresión de desacuerdo, mientras que la segunda, (9)-(10), no produce impresión de desacuerdo en absoluto.

En definitiva, existe una diferencia entre decir “El aguacate es delicioso” y decir “Me gusta el aguacate” o “El aguacate me parece delicioso”. La primera expresión será una expresión que servirá para expresar el estado mental del hablante, mientras que la segunda comunicará cuál es su estado mental. Solo aquellas expresiones que sirven para expresar estados mentales permiten a los hablantes mostrar su desacuerdo sobre cuestiones de gusto.

David Bordonaba Plou

Referencias

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Lecturas recomendadas en castellano

  • Bordonaba, D. y N. Villanueva (2018): “Tres Sentidos de Relativismo”, Análisis. Revista de Investigación Filosófica, 5(1), pp. 217-238.
  • Cepollaro, B. y I. Stojanovic (2016): “Hybrid Evaluatives: In Defense of a Presuppositional Account”, Grazer Philosophische Studien, 93, pp. 458-488.
  • Egan, A. (2014): “There’s Something Funny about Comedy: A Case Study in Faultless Disagreement”, Erkenntnis, 79(1), pp. 73-100.
  • Hume, D. (1826): “Of the Standard of Taste”, en The Philosophical Works of David Hume, vol. III, A. Black and W. Tait, Edinburgh, pp. 256-282.
  • Huvenes, T. T. (2012): “Varieties of Disagreement and Predicates of Taste”, Australasian Journal of Philosophy, 90(1), pp. 167-181.
  • Huvenes, T. T. (2014): “Disagreement without Error”, Erkenntnis, 79, pp. 143-154.
  • Kölbel, M. (2015a): “Relativism 1: Representational Content”, Philosophy Compass, 10(1), pp. 38-51.
  • Kölbel, M. (2015b): “Relativism 2: Semantic Content”, Philosophy Compass, (10)1, pp. 52-67.
  • Marques, T. (2015): “Disagreeing in Context”, Frontiers in psychology, 6, pp. 1-12.
  • Marques, T. (2018): “Retractions”, Synthese, 195(8), pp. 3335-3359.
  • McNally, L. y I. Stojanovic (2017): “Aesthetic Adjectives” en James O. Young, ed., The Semantics of Aesthetic Judgment, New York, Oxford University Press, pp. 17-37.
  • Sundell, T. (2011): “Disagreements about Taste”, Philosophical Studies, 155(2), pp. 267- 288.
  • Sundell, T. (2016): “The Tasty, the Bold and the Beautiful”, Inquiry: An Interdisciplinary Journal of Philosophy, 56(6), pp. 793-818.

Recursos en línea

Cómo citar esta entrada

Bordonaba, David (2018): “Predicados de gusto personal”, Enciclopedia de la Sociedad Española de Filosofía Analítica. (URL: http://www.sefaweb.es/predicados-de-gusto-personal/).